Sensaciones para los sentidos

Los olores son como máquinas del tiempo, nos transportan a momentos y lugares pasados sin que seamos conscientes de ello.

El olor de la madera quemada en la cocina de leña, el café recién hecho en la cafetera italiana de toda la vida y el olor de la lluvia sobre la hierba. Tres aromas que me llevan en volandas a las mañanas de las vacaciones de Navidad o Semana Santa en el pueblo con mi abuela, ese lugar que siempre será mi casa a pesar de que no viva allí.

Los cambios imprevistos que arrastra consigo el cambio climático y el calentamiento global parece que allí se notan menos: los días de primavera siguen siendo algo plomizos y lluviosos, con la niebla como dueña y señora de cuanto abarca la vista.

El olor de la lluvia es diferente, es de verdad, no es respirar ozono de ciudad. Y cuando el viento sopla, todo calla para escuchar el canto de los árboles y el silbido de las contraventanas.

Sensaciones que anulan el malestar implícito de la vida regular proponiéndote otra más sencilla, a la par que extraordinaria.

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Caer en el abismo

Después de la cuarta copa de vino todo se le empieza a difuminar.  Ella no bebe, en realidad ninguno de los dos suele probar el alcohol, pero la tensión era demasiado fuerte, e imposible obviar el tren con miles de vagones de recuerdos y sentimientos enterrados.

Así que bebieron. Pero esa sensación sigue ahí, justo en la boca del estómago, semejante a estar al borde de un precipicio e intentar inclinarte hacia delante con sumo cuidado todo lo que puedas, pero sin llegar a caerte. Es un sentimiento poderoso, atrayente como un imán hecho a su justa medida.

Esta noche, el tocadiscos suena en un rincón tarareando viejas glorias cubanas. Las ventanas abiertas de par en par permiten que la noche templada llegue hasta el sofá donde las dos figuras continúan suspendidas a medio camino de la boca del otro, a punto de abalanzarse sin arnés de seguridad y de cabeza al abismo más profundo.

Como en ese momento previo cuando eres consciente de que vas a hacer algo que no debes, que está mal en algún sentido cósmico, y a pesar de ello te ves a ti mismo haciéndolo antes de ejecutar la acción, de la misma manera, ellos saben que sus cuerpo se encontrarán una vez más, para escenificar lo que tan claro puede ver el ojo del alma.

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