Las cosas bonitas de la vida

Me gustan las cosas bonitas y con luz, que me hagan sentir bien y reconfortada…

Una cafetería con encanto; unas luces anaranjadas que recuerden al fuego; una librería antigua y abarrotada de libros por todas partes, no importa si está un poco desastrada… las tiendas con aires antiguos, o vintage, que está más de moda decirlo así; una cabaña en medio de ninguna parte en un invierno con nieve, o un océano cristalino a mis pies.

No es cuestión de superficialidad. Todo aquello que tiene un aire especial me trae ráfagas de inspiración sazonada de felicidad que me llenan de vida, y también de esperanza. Esperanza en que puede haber otro mundo con un color distinto, más sensible y real que este en el que nos ha tocado pelear para vivir. Me da esperanza en que no todo es moda y que la gente especial existe y puede vencer a toda la ordinariez que puebla la Tierra.

No voy a disculparme porque me agrade lo especial de la vida, ni porque encuentre reconfortante la belleza escondida en las cosas tristes y difíciles, esas de las que casi siempre se nutren mis letras.

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Solo respirar

Desde aquí puedo ver como respira. Sé lo mucho que le cuesta traspasar el umbral de ese edificio que ve hasta en sueños. Pero lo hace, vuelve a llenarse de oxígeno y avanza, un pie detrás del otro, uno de cada vez.

Solo tiene que respirar y lo sabe, imaginarse como sus pulmones florecen como una primavera anticipada, como de cada alveolo nace una rosa, una margarita o una peonía y expulsar lentamente el dióxido de carbono que su cuerpo rechaza. Así una y otra vez, siendo consciente de cada uno de los movimientos inconscientes que hace su cuerpo para mantenerse con vida.

Amor, lujuria y sexo eran muy fáciles antes, cuando podía respirar. Ahora cada vez que lo intenta, las bocanadas que aspira desordenadamente arrollan las ganas, el deseo y la pasión.

Por eso las flores. Por eso los colores, por eso la alegría, por eso la vida.

La vida, que atrae más vida, solo hay que llamarla con la suficiente insistencia.

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Aquellas letras que perdió

Nunca le había costado tanto encontrar las palabras, siempre habían sido sus aliadas desde la infancia. Leer tantos libros desde tan temprana edad le había asegurado un buen repertorio de vocabulario, de pequeña incluso se jactaba de poder insultar por lo bajini a quien se metiera con ella sin que se la entendiera del todo, haciéndolo en el castellano antiguo o en el latín que sacaba de las novelas históricas que consumía.

Siempre se había sentido acompañada si tenía un libro entre las manos, más tarde comenzó a ser ella la que contaba las historias, para sí misma claro, pero daba vida y eso la hacía vivir todavía más intensamente. Por el camino y con los años fue perdiendo fe e ilusión, pero nunca abandonó porque le gustaba y porque siempre tenía algo que contar en la punta de los dedos.

Hasta que dejó de fabricar magia.

Hoy es el día de Sant Jordi, el día del libro, y se pasea entre estantes en busca de nada en particular, quizás un poquito de esa chispa que antes fluía casi sin esfuerzo. Sabe que volverá, que es cuestión de tiempo y de estar atenta a cualquier destello mágico que haga brotar de nuevo las palabras, pero no puede evitar sentirse un tanto perdida sin su compañía.

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Hogueras en la ciudad

Dan las ocho y en el polígono del sur se hace de noche, como cada día las hogueras comienzan a arder para templar el ambiente de una primavera todavía demasiado fría. Mires donde mires se alzan las columnas de humo, engordando la campana de contaminación de la ciudad, envolviendo las calles numeradas con ese característico olor.

Cada esquina tiene historia y nombre propio aunque cada vez te cuenten una historia diferente, si quieres fijarte, te darás cuenta de que ciertos detalles siempre persisten. Son esas pequeñas particularidades las que te cuentan la realidad de sus vidas. Realidad que maquillan cada día antes de salir de casa, que los demás preferimos obviar por no incomodarnos al pasar.

Las gafas de la ignorancia no pesan en la conciencia de casi nadie, el humo de las hogueras difumina la realidad que convive con la incomodidad.

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Quien soy yo

Yo soy la chica rara de la libreta, la que te puedes encontrar en el roncón más apartado de tu bar favorito, o en esa pequeña cala poco transitada que te viene a la mente cuando piensas en el mar.

Llego silenciosa, amortiguando las pisadas de mis desgastadas Vans, procurando mimetizarme con el entorno. Me camuflo en cualquier esquina que me permita observar sin llamar la atención, y es entonces cuando comienza el juego.

Me gusta inventarme la vida de los demás, imaginarme que los gin tónics que toman las chicas que tengo al lado son de celebración por algún éxito alcanzado, o quizás conmemoración de la despedida de un mal desamor. Prefiero pensar que el joven que pase a un abuelo en muletas es en  verdad su nieto y que cada domingo después de comer salen a llenarse de arena los zapatos. Quiero creer que la pareja que discute enzarzada en una esquina lo hace por diferencias de sus creencias, que el debate es apasionado pero sano y será zanjado en un remolino de sábanas deshechas.

A mis gafas de ver le gusta filtrar lo malo por lo bueno, colar el mal color de lo diario y teñirlo con el color del ocaso, pues la realidad es demasiado real como para vivirla todo el rato, por eso no dudo en escaparme a ese otro mundo de color.

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Reflexiones a la esperanza

Las primeras veces son difíciles, algunas hasta duelen, pero luego todo se hace más fácil… O eso nos decimos con esperanza. A veces nos cuesta mantenerla, la esperanza digo, porque es una amiga huidiza poco dada a quedarse al lado de uno.

Con frecuencia nos perdemos por el camino que no sabíamos que queríamos recorrer, incluso nos equivocamos cuando queremos volver a casa. Nos cuesta horrores aflojar ese nudo del estómago que apretamos a cada hora un poco más fuerte sin ni siquiera darnos cuenta.

Es difícil reflexionar y admitir dónde nos equivocamos, levantarnos cuando nos caemos. Parece más fácil mantenernos en el suelo y lamentarnos antes de volver a erguirse con todas las heridas visibles, como cuando ese temor nocturno nos asalta y nos refugiamos bajo las mantas, como si estas fueran un escudo protector capaz de salvarnos de cualquier amenaza.

La esperanza es huidiza, agárrala y déjate llevar por ella…

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Tu peor enemigo

Cada mañana está ahí para juzgarte un día más. Debes enfrentarte a su cruel veredicto con el cuerpo y el alma desnudos. Acatas en la sentencia desfavorable con la resignación de quien se sabe condenado, convencida de que su verdad es universal y no está en tu mano modificarla.

Así, otra un nuevo día más te arrastras de vuelta a la miseria del autodesprecio incapaz de enfrentarte al reflejo que te devuelve el espejo.

Te dejas vencer sin ni siquiera mirar de verdad, sin atreverte a ver más allá de esos supuestos defectos que solo lo son para tus ojos expertos, maleducados en revistas y programas más irreales que los mundos de la magia.

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A los que esperan en casa

Sois vosotros, sois los pilares que les hacen resistir, en quienes piensan para volver a casa tras cada día difícil, por quienes se angustian cuando la jornada se alarga y no pueden tomarse un momento para avisaros.

Sois la otra cara, la sufridora, la que hipoteca su vida por la de ellos y por la de todos en realidad, porque les seguís por todo el país, voláis lejos con alas prestadas, con el orgullo que solo entre vosotros podéis compartir porque no todos lo entienden.

Son muchas las veces que habéis de callar, aguantar los insultos casuales temiendo reacciones adversas, pasando de largo ante pintadas ofensivas, tratando de encontrarle explicación a algo que no lo tiene.

Pero calláis y bajáis la cabeza, porque no merece la pena, porque todos pertenecéis a la misma familia.

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Sangra una vez al mes

Ella es un poco gris en su día a día. Suele limpiarse las lágrimas con sonrisas deslavazadas, llena de premura. Pero es que es así, no lo sabe evitar, y en el fondo tampoco quiere.

A su manera melancólica y romántica se acompaña la vida de soledades no compartidas.  Los cafés a medias nunca han sido sus preferidos, mejor en solitario, templados y viendo llover sobre la ciudad.

Siempre deja los recuerdos reposando y las heridas bien abiertas, sin necesidad de sanar porque todo lo quiere sentir bien, hasta que duela lo suficiente para poder dejarlo marchar.

Sangra cada mes, no solo entre las piernas, sino también por los ojos cuando se le llenan de sombras sin reclamar. Una vez al mes se queda en carne viva, expuesta con sus emociones marcadas a fuego en la cara.

Pero sigue, como seguimos todas.

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Está dentro de ti

Solo te podía ver en la distancia y a veces ni siquiera te distinguía de la marejada de fondo que siempre te acompañaba.

Eras imposible de abordar, rodeada por el nutrido grupo de satélites que formaban tu coraza.

Vivías en una burbuja, brillante y atractiva en su exterior, imposible de ignorar la magia que te envolvía.

Salvo cuando alzas el velo protector, entonces las imperfecciones te vuelven humana y real, imperfectamente perfecta en un mundo donde sobran Barbies de plástico.

Déjate caer y vencer, lucha y vuélvete a erguir.

Está dentro de ti, esperando que te atrevas a continuar: ella, de la que me enamoré cuando solo eras tú.

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