Dejarse llevar

En medio de una habitación a media luz se balancean al ritmo que marca la música de su juventud. Después de una vida juntos, él se desliza con la misma poca gracia que antaño, esquivando cuando puede los pies de su compañera, ahogando un silencioso suspiro de satisfacción un día más.

Son más de cuarenta años de recuerdos  perdidos entre las partículas del polvo que se balancean despacio, con el ritmo cambiado. Igual que ellos, que giran a su antojo cuando el tempo deja de contar y solo importa alcanzar el final de otra canción en los brazos del otro.

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Musas viajeras

Para algunos viajar es una necesidad, otra forma de alimentar el alma y recargar las musas cuando estas se quedan sin poderes para la inspiración.

Hay algo mágico en descubrir las cosas curiosas que tiene la vida. Es hermoso como no dejamos de sorprendernos ante las pequeñas curiosidades que sin esperarlo nos aportan una ráfaga de inspiración para nuestro arte particular.

Cosas como encontrarte con un festival de música folk en medio de la oscuridad en un pueblo costero. Sobre el escenario, un grupo con integrantes de origen asiático interpretan el folk con dejes orientales tan integrados que apenas se hacen notar. Solo en terras celtas, claro.

Con una sonrisa y el lamento de la armónica en los oídos, sabes que has llegado a ese sitio por algo, para que una de esos golpes de vientos te traiga algo inesperado, tanto, que ni siquiera sabías que pudieras necesitar.

Solo te encontrará si sales a buscarlo…

Y que las musas te encuentren trabajando, mejor si es viajando…

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La pianista

Sentada frente al piano se enfrenta de nuevo a las teclas. Desde aquí la veo a contraluz, su silueta se recorta imperfecta con la luz de la mañana, la primera que se sienta en la banqueta desde que dio a luz.

La escogida es “Claro de luna”. Las notas fluyen firmes y seguras hasta donde estoy, envueltas en ese halo mágico que siempre me ha fascinado de la música y que yo no soy capaz de ejecutar como ella.

Ella. La que tiene un don, ese don que la ha llevado a recorrer países para que la escucharan tocar, y que antes de llegar si quiera a pensar que ese destino sería suyo, sacrificó su infancia, su adolescencia y su juventud por un sueño imposible. Hasta que se convirtió en posible noche tras noche y poco a poco fue perdiendo el brillo de las cosas que brillan con luz propia para convertirse en una de esas que, sí, brillan, pero a costa de otros. En este caso a costa de ella y de su propia vida.

La pasión nos arrastra largo camino antes de que podamos frenarla, si es que algún día llegamos a poder. Poder es querer dicen por ahí, pero para poder hay que tener una poderosa razón.

La suya se despierta todos los días a la misma hora. En este mismo instante, las notas musicales son interrumpidas por el sonoro llanto que rasga la tranquilidad de la vivienda, reclamando una atención que su madre en trance no puede procurarle.

La cojo en brazos suavemente y la arrullo con cuidado, no siempre le gustan del todo los mimos. Despacio, la llevo hasta la sala del piano, donde ella sigue tocando ajena al mundo y a sus banalidades, ajena incluso al nuevo amor de su vida, que rivaliza por vez primera con su primer y único amor: la música.

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La música

La música es una gran parte de la vida, de la inspiración diaria. Cada canción forma parte de la felicidad con la que nos gusta convivir, de las emociones que nos arrasan ciertas letras o notas en cuanto se cuelan en el canal auditivo…

Puede significar la nada para algunos y el todo más inmenso para unos pocos afortunados que la saben apreciar, pero siempre resulta imprescindible. Todos tenemos una banda sonora que nos acompaña en los mejores momentos, pero sobre todo siempre hay una canción adecuada para un mal trance, para ese instante impregnado en lágrimas o para esa mala noche de insomnio cuando por fin nos ayuda a dejarnos ir, bajar la guardia y dormir…

Es el mejor estímulo y la droga más dura, esa que te pone a tope para todo y para todos, que te lleva a lo más alto cuando de verdad lo necesitas y te acompaña hasta el subsuelo de tus días más desgraciados. Siempre va a ser la sábana más sedosa que te envuelva en las noches secretas de pasión, donde no existe nadie más que dos amantes danzando al ritmo de la banda sonora escogida…

Y es que… tarareando la vida se vive mejor.

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