La ira de Dionisio

Colaboración en Letras y Poesía


El vino en su aliento vuelve a hacerse presente, como cada domingo de resaca. Cada ronquido expirado en su dirección hace que abandone la idea prematura de cualquier posibilidad de desayuno, otra vez.

Hace más de dos años que no puede ni siquiera usar su rouge de labios favorito: le recuerda demasiado al color del vino tinto ligeramente agitado en una copa turbia de maldad que emana del que fuera su compañero. Fuera en pasado, pues con la afición al placer de Dionisio se inauguró una perenne vendimia donde la recogida no era la uva, sino la dignidad que ambos pierden tras cada borrachera en el fondo de cada cartón vacío: él tras cada nuevo embate, ella con cada nuevo moretón.

Y siempre se vuelve hacia ella. De repente la nota, como si la viera por vez primera desde el viernes noche, la ve y la ira cobra vida en las vidrieras transparentes de sus ojos. Se descarga contra su cara, contra sus costillas, contra su pelo… una y otra vez hasta que está demasiado cansado para continuar y necesita una copa (cartón en realidad) más.

Ella espera paciente encogida sobre sí misma en la baldosa, sabe que siempre pasa. Suele quedarse sin fuerzas tras los cuatro primeros cuatro golpes bien asestados, directos al cuerpo, corazón, alma y dignidad, ya se ocupará más tarde ella misma de recogerse en pedazos y volver a construirse.

Hasta la próxima, porque detrás de la primera bofetada  siempre hay más.

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Sangra una vez al mes

Ella es un poco gris en su día a día. Suele limpiarse las lágrimas con sonrisas deslavazadas, llena de premura. Pero es que es así, no lo sabe evitar, y en el fondo tampoco quiere.

A su manera melancólica y romántica se acompaña la vida de soledades no compartidas.  Los cafés a medias nunca han sido sus preferidos, mejor en solitario, templados y viendo llover sobre la ciudad.

Siempre deja los recuerdos reposando y las heridas bien abiertas, sin necesidad de sanar porque todo lo quiere sentir bien, hasta que duela lo suficiente para poder dejarlo marchar.

Sangra cada mes, no solo entre las piernas, sino también por los ojos cuando se le llenan de sombras sin reclamar. Una vez al mes se queda en carne viva, expuesta con sus emociones marcadas a fuego en la cara.

Pero sigue, como seguimos todas.

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Ojalá para siempre: unidas y fuertes

Hoy más que nunca somos las nietas de aquellas que murieron quemadas por luchar por sus derechos, por no conformarse y querer para sí mismas y para sus hijas un presente y un futuro mejor.

Por ellas llevamos dentro todo lo necesario para seguir levantándonos por nosotras mismas, por nuestras hijas y también por nuestros hijos, para que sean parte de una lucha que nos incumbe a todos y todas

Somos herederas de la fuerza de nuestras madres, de nuestras abuelas y todas las mujeres antes que ellas que lucharon porque fuéramos iguales que la otra mitad de la población del mundo.

Somos más de la mitad en realidad, porque somos más longevas, aunque en muchas ocasiones nos limitamos a sobrevivir cuando en nosotras nace la vida, somos vida.

Si nosotras paramos, la vida se paraliza.

Ojalá un mundo donde seamos y nos sintamos libres, donde no tengamos que mirar atrás en una calle oscura con el móvil en ristre, por si acaso.

Ojalá una sociedad donde las miradas sean limpias y no ensucien la belleza de unos cuerpos hechos para admirar.

Ojalá pronto, ojalá para siempre: unidas y fuertes.

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Entre ataduras

Colaboración para Letras & Poesía


Eras como la cubierta de uno de esos vinilos de los ochenta: vistosa y llena de colores, de las que te atraen para que las acaricies sobre el plástico sin darte ni cuenta.
Solo te fijas en el colorido y en lo bien que suena la cara A del disco, para qué te ibas a fijar en la B si la A es tan sexi.
Eso fue lo que me pasó a mí, solo vi una cara de ti.
Solo vi aquello que me quisiste mostrar, y para cuando descubrí el retrato completo: ya se me habían comido los gusanos.
Porque sabes, yo te creía siempre y sin teorías, porque para mí tu palabra bastaba.
Pero no para ti, para ti yo siempre dejaba que desear:
No era lo suficiente cariñosa, ni tampoco bonita.
Me considerabas débil y fácil de controlar.
Te desesperaban mis necesidades, pero no me dejabas volar.
Me atabas bien corto, no fuera que tuviera algo que pensar.
Y aunque te cansaste pronto de mí, nunca me dejaste marchar.
Fue entonces cuando me di cuenta: la cuerda dejó de apretar y yo tuve que admitir que me hiciste desaparecer.

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Para ti de mí

Por el ventanal se cuela una leve brisa helada.

La música suave suena desde el mini altavoz de viaje que siempre nos acompaña.

Afuera hiela y hasta nieva, pero aquí dentro el sol late entre nosotros.

Frente al ventanal damos vueltas al ritmo de nuestra música. Tú me susurras al oído cada letra de la canción, como si hubiera sido escrita para mí de ti.

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Suéltame de una vez

Me gusta el olor a ropa recién lavada cuando la tiendes bien temprano por la mañana, cuando todavía se está secando el rocío de la madrugada. Las manos se me quedan heladas al contacto con la ropa, casi no siento ni las pinzas ni la cuerda de tender. Inerte, como en tantos otros aspectos aspectos de mi vida me dejo arrollar por los acontecimientos, sin freno ni voluntad.

Y cuando la colada ya ondea liberada al viento no puedo evitar la envidia. Me celo de su libertad de movimiento, de su alegre danza a los ojos del sol.

Es un momento de liberación, pero también de final para mí: significa que debo volver adentro, a la oscuridad de su tiranía, a la locura de esos ojos que me miran con un odio eterno e injustificado. Cada día deseo ser una sábana, desprenderme con fuerza y de un tirón de las pinzas de su odio que me sujetan y salir volando por fin.

Quizás un día lo haga, antes de que él tome la decisión por mí.

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Nacional X

Las lentejuelas le brillan en la falda y en el escote, día y noche todos los días de la semana, como el cartel de neón que anuncia sus servicios en la carretera nacional dirección a Madrid. Se supone que debe brillar con luz propia en cada momento de su nueva existencia, dispuesta y con buena voluntad.

La pintura desvaída en la cara emborrona sus rasgos ahora apenas irreconocibles en el espejo.

Las medias rasgadas, los tacones ajados.

En realidad no importa mientras puedan seguir explotándola.

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Espejito

Ojalá te vieras como te veo yo.

Ojalá un espejo mágico en mis ojos para reflejar toda tu belleza, todo ella, no solo la evidencia de tus curvas elegantes. Sobre todo la rotundidad de tu mente, lo afilado de tu pensamiento, la pureza de tu ser.

Ojalá un osasis con un espejismo que te mostrara desde fuera, sin los engaños de los velos de tu mente.

Ojalá tú y yo siempre, desnudos frente al espejo. Tú queriendo huir, sin querer ver ni mostrar. Yo rogándote que te rindas a la evidencia de tu belleza.

Ojalá te quisieras como te quiero yo.

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Monólogo interior

La cama me resulta incómoda, demasiadas horas en ella ya. Y sin dormir aún encima, dándole vueltas a la cabeza sin parar y sin sacar nada en claro. Odio tomar decisiones de este tipo, estas cosas no debieran tener que decidirse… con que pasasen sin más sería suficiente. Pero no. Hay que escoger una opción sí o sí.

Ojalá supiera qué es lo que realmente siento, así también sería más fácil claro. No se. Ella es así de esa manera indescriptible y lo que me hace sentir es todavía más indescriptible que ella misma. Son sus manos, finas y elegantes, las pienso y las siento, todo junto y sin pausa. No sé bien nada, pero sí sé que con ella soy más yo que con nadie, aunque tampoco estoy segura de en qué momento cruzamos la barrera de la amistada para pasar a esto que es algo más pero que yo por lo menos no tengo idea de qué es.

Por otro lado lo tengo a él, que siempre ha estado conmigo desde niños. ¿Cómo le voy a decir que de repente tengo dudas de lo que siento?!! Después de tanto años… Alina hija donde te estás metiendo por la diosa… ¿Pero que voy a hacer? ¿Ignorarme a mí misma? Me parece que no. Pero entonces que decido. No sé.

¿¿!¿!¿!Por qué tenemos que decidirlo todo!?!?!?!

Mira, da igual, vamos a tratar de dormir, total… tampoco es como que vaya a solucionar nada. 🙄

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Meigas V

Desfilan juntas y en silencio, enfilando el borde del bosque, cubiertas las caras por las capuchas de la túnica ritual. En un flujo continuo siguen llegando todas las hermanas de la comunidad, ocultas en su vida diaria, liberadas hoy para la celebración de la nueva vida.

Como hermanas de la luna sincronizan sus ciclos, bañan sus muslos en sangre con cada luna invocando a la diosa con cada dolor de vida no fecundada. Hoy vienen libres para acompañar y ayudar en el nacimiento ante la naturaleza, pues ellas quieren parir entre la maleza, libres y enredadas en la tierra que da la vida.

Llegan vacías, se irán rebosantes, con la mirada llena de orgullo, los oídos llenos de salud, el alma atestada de esperanza.


Otros de Meigas…  Meigas Meigas III  Meigas II Meigas IV

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