Y entonces qué

Desde la superficie y sin pararnos a respirar, recorremos el camino de la vida aguantando la respiración, con el estómago apretado y los ojos escaneando todo a nuestro alrededor, los músculos agarrotados prometen una gran resaca emocional.

Desconfiamos primero y preguntamos después, incluso cuando se trata de nosotros mismos. No nos paramos, arrollamos a nuestro paso, empeñados en conseguir esto y lo otro sin disfrutar ni el recorrido ni las paradas en las distintas estaciones de la vida.

La pregunta es inevitable: ¿y entonces qué? Qué pasa cuando ya tienes la carrera, el trabajo o ese sueño cumplido, qué pasa entonces. En qué momento vas a vivir, a respirar, a ser. Cuándo vas a profundizar en ti, a conocerte, a rascar un poco más allá de la cobertura que ofrecemos a los demás.

Desnúdate, conócete por dentro, tócate por fuera y por dentro, siéntete. Empezarás a vivir.

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Miradas diarias

Es en los días de diario cuando tenemos que acordarnos de cada 8 de marzo, que cada vez se vive con más y más fuerza.


Siempre te ha costado mirarte a los ojos fijamente, parada ante el espejo reconociendo quien eres. No has sido capaz ello, necesitas a todas horas de la validación de los demás, de estar rodeada de gente para no sentirte sola.

Es ese miedo a la soledad el que siempre planea detrás de tus ojos huidizos como ave carroñera, desde niña. Poco a poco lo has ido espantando, abriendo con cuidado esas alas que has llevado toda la vida plegadas a la espalda, obviando que estaban ahí, negándote a desplegarlas en todo su esplendor. Hoy no solo has sido capaz de dejarlas respirar, sino que por fin comienzas a batirlas, cada vez con más fuerza, sacudiéndote de encima todos los complejos que te atan, los propios y los impuestos también.

Hoy comienzas a ser libre, a mirarte y a reconocer quien eres, más allá de tu propio reflejo incluso. El abrazo que a veces tanto necesitas debe comenzar por ti misma, tú eres tu mejor pilar, tu roca infalible. Tú eres tu propia persona.

“You always been your own damn person”.

Alex Karev, Anatomía de Grey 2020.

Imagen de Pezibear en Pixabay

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Susurros tras la pared

Las paredes son tan finas como un biombo de bambú, la banda sonora de las mañanas nos acompaña a todos los vecinos, los sonidos de entrechocar las tazas del desayuno, el hervir de las cafeteras italianas de toda la vida y los apresurados portazos que te hacen saber que el del cuarto llega tarde al trabajo.

El correr de la vida se paraliza a partir de las nueve en mi edificio. Los más madrugadores se han ido hace horas, los niños hace un rato que han comenzado las clases, y las abuelas bajan silenciosas con sus carritos a la compra para la comida de sus nietos. Es entonces cuando comienza mi jornada, con el segundo café de la mañana el teclado del ordenador parece mucho más abordable. El sonido de las teclas me acompaña hasta cerca de mediodía, no sé si conservaré algo de lo escrito todas estas horas, pero por lo menos no me sentiré culpable por otro día improductivo en la improvisada oficina que es mi salón.

La hora de la comida se aproxima y los sonidos comienzan de nuevo, más tenues claro, no todos vuelven a casa para comer, pero sé que él si lo hace. Sabré que ha llegado porque las paredes de mi piso se estremecerán con el portazo con el que deleita a los cimientos del edificio cada día. A ella no se la escucha claro, es como una ratoncita, a veces se la escucha rebullir de aquí para allá, pero siempre silenciosa y afanada. Él es su opuesto más ruidoso, como un elefante que se hace notar en su casa y en cada una de las estancias de la mía. El ruido es increíble, pero el sonido del silencio de ella es atronador. No hay gritos sin embargo, su voz me llega imprecisa a través de las paredes, contenida, se aprecia el rechinar de dientes de él, un grito susurrado y cargado de odio contra ella. Me llega amortiguado, tengo que prestar atención para poder escucharlo, para poder notarlo, pero está ahí, igual que la mirada huidiza de ella y su sonrisa fugaz cada vez que coincidimos en el balcón dándole las últimas caladas al penúltimo cigarro del día.

Los gritos son susurros que están ahí, solo hay que pararse y prestar la atención necesaria y sobre todo, querer hacerlo.

Imagen de Free-Photos en Pixabay .

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Sonrisas de primavera

Los vio venir por el camino, con los escudos arrastrando por tierra y las espadas flojas en el cinto. Sus ojos no querían creer lo evidente: que habían perdido la batalla y estaba viendo cómo las tropas derrotadas regresaban a casa.

Los hombres retornaban vacilantes y taciturnos al castillo, esperando el destino que les tendría preparado su señora, pues habían salvado por poco la vida, pero quién sabía si la iban a conservar.

Ella los observaba en la distancia desde los altos ventanucos que cubrían los gruesos muros de su fortaleza. Afuera apenas comenzaba la primavera, los árboles desnudos se balanceaban fuerte con los embates del viento, generando una sensación desoladora en el ambiente. Se hace evidente que todavía es pronto para las campañas armadas, mucho menos para estar retornando ya de una finalizada.

Pero lo había predicho el oráculo que nunca le había fallado hasta la fecha, incluso el día que ignorándolo permitió la entrada de aquel demonio en su casa,por lo que aunque dudosa, finalmente había ordenado la incursión contra su antiguo pretendiente: no iba a consentir que volviera a excederse en los límites de sus predios, ni de su propia persona como antaño.

Sabía que ahora le tocaba hacer lo impensable, pero no podía parecer débil y debía demostrar que los fracasos tenían que pagarse, y sería ella misma la mano ejecutora del castigo. Descendió con paso firme y ligero la escalinata que separaba el portón de su hogar del patio de armas, sus capitanes la esperaban en formación, dispuestos a ofrecer sus explicaciones sobre la derrota sufrida. Llegó a la altura del general de sus tropas y echó mano de la daga de su cinto sin mediar palabra alguna y dirigiéndose al primero de los capitanes, mientras le miraba a los ojos dibujó un tajo tan rápido como mortal en su garganta. Procedió de la misma manera con el resto sin miramientos, ignorando la sangre que la salpicaba tras cada ejecución.

— Explica tú al resto de soldados las consecuencias de regresar con una derrota a casa. Seguro que lo entienden tan bien como a mí los capitanes. Nunca más daremos un paso atrás frente a ese violador.

Retrato de mujer

Estás viendo un retrato de ella, es reciente, no tiene más de dos días.

La retratista ha sido fiel: puedo reconocer la antaño leve arruga entre las cejas, que hoy es una creciente brecha que se abre paso en su interior, cual falla tectónica emocional. En cada una de las arrugas que deberían escoltar la boca, descubro los miles de gestos de arrepentimiento, primero por su padre, después por su sustituto. Toda su vida se le pasó entre silencios y medias sonrisas escondidas que en realidad no llegaron a alcanzar nunca su mirada.

Destacan los ojos, rojos, en el centro de la cara casi eclipsando la nariz. Esas dos únicas motas de color en un retrato en blanco y negro son dos gotas de sangre figurada que transmiten una mirada vacua, vencida hace ya un tiempo.

Podría hablaros de lo bonita que tenía la boca, casi en forma de beso, siempre con dos hilos invisibles que tiraban inconscientes de las comisuras hacia arriba en una sonrisa constante. Veréis que en el retrato no está, la boca no existe, fue eliminada de un zarpazo, uno de los muchos que sufrió hasta que se le borró.

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Las cosas bonitas de la vida

Me gustan las cosas bonitas y con luz, que me hagan sentir bien y reconfortada…

Una cafetería con encanto; unas luces anaranjadas que recuerden al fuego; una librería antigua y abarrotada de libros por todas partes, no importa si está un poco desastrada… las tiendas con aires antiguos, o vintage, que está más de moda decirlo así; una cabaña en medio de ninguna parte en un invierno con nieve, o un océano cristalino a mis pies.

No es cuestión de superficialidad. Todo aquello que tiene un aire especial me trae ráfagas de inspiración sazonada de felicidad que me llenan de vida, y también de esperanza. Esperanza en que puede haber otro mundo con un color distinto, más sensible y real que este en el que nos ha tocado pelear para vivir. Me da esperanza en que no todo es moda y que la gente especial existe y puede vencer a toda la ordinariez que puebla la Tierra.

No voy a disculparme porque me agrade lo especial de la vida, ni porque encuentre reconfortante la belleza escondida en las cosas tristes y difíciles, esas de las que casi siempre se nutren mis letras.

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Hogueras en la ciudad

Dan las ocho y en el polígono del sur se hace de noche, como cada día las hogueras comienzan a arder para templar el ambiente de una primavera todavía demasiado fría. Mires donde mires se alzan las columnas de humo, engordando la campana de contaminación de la ciudad, envolviendo las calles numeradas con ese característico olor.

Cada esquina tiene historia y nombre propio aunque cada vez te cuenten una historia diferente, si quieres fijarte, te darás cuenta de que ciertos detalles siempre persisten. Son esas pequeñas particularidades las que te cuentan la realidad de sus vidas. Realidad que maquillan cada día antes de salir de casa, que los demás preferimos obviar por no incomodarnos al pasar.

Las gafas de la ignorancia no pesan en la conciencia de casi nadie, el humo de las hogueras difumina la realidad que convive con la incomodidad.

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Reflexiones

“Branding para conseguir seguidores” Penny L.

Nos animan a vendernos, no como antes claro, nos hemos desligado de las prietas lazadas de los corsés para sustituirlas por las asfixiantes cadenas de las redes sociales. En busca del like te animan a subir una foto en la cama cubierta con una sábana, a publicar esa otra medio borrosa en bikini sin la parte de arriba.

No creo que esté mejor o peor una cosa u la otra, lo criticable es cómo se juzga a quien lo hace, y a quien no lo hace también. Llega incluso a ser contradictorio, pero es en el mundo en el que vivimos: una contradicción constante que pretende contentar a todos.

Cada vez se discrepa más y peor sobre la definición de feminismo, lo cual escojo tomarme por el lado positivo, por el hecho de que mientras haya debate en la calle será que está vivo, colea y se defiende de los rancios ataques de siempre y de otros más innovadores encubiertos.

Ser una feminista de las incómodas, con la boca demasiado grande y el pensamiento firme.

Estamos llegando a un punto en que parece que solo valen los extremos, donde lo que predomina es el cansancio de las mujeres de que todo siga prácticamente igual que siempre, donde parece que tengas que resistirte hasta que te maten, entonces serás mártir y santa, sino tu palabra no valdrá nada.

Dicen por ahí que el feminismo está de moda, que es un movimiento en auge, espero que así continúe y que no se desvirtúe siguiendo el camino del odio, pues ellos son compañeros, no el enemigo.

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Desmintiéndote

Siempre te he pensado como alguien llena de fronteras bajo la piel, incapaz de quererse por quién es y no por quién pretende ser.

Tienes por costumbre negarte mil veces antes de que cante el gallo cada mañana, como si eso te hiciera más llevadero el día que se extiende ante ti.

Podría cuestionar por qué eres así, por qué, por qué, por qué… Pero para qué. No creo que ni tú misma sepas la repuesta.

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Tu peor enemigo

Cada mañana está ahí para juzgarte un día más. Debes enfrentarte a su cruel veredicto con el cuerpo y el alma desnudos. Acatas en la sentencia desfavorable con la resignación de quien se sabe condenado, convencida de que su verdad es universal y no está en tu mano modificarla.

Así, otra un nuevo día más te arrastras de vuelta a la miseria del autodesprecio incapaz de enfrentarte al reflejo que te devuelve el espejo.

Te dejas vencer sin ni siquiera mirar de verdad, sin atreverte a ver más allá de esos supuestos defectos que solo lo son para tus ojos expertos, maleducados en revistas y programas más irreales que los mundos de la magia.

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