El cuento de lo que se les perdió

Empezó como empiezan todas las cosas bonitas: con el sol de cara y el viento a favor.

Las velas totalmente desplegadas rugían con la intensidad de su pasión, comprometiendo con cada acometida la estabilidad del timón. Variaban el rumbo cada día, manteniéndose fieles solo a sus brújulas perdidas en el deseo, llenas de ilusión, rebosantes cuando se trataba de libertad.

Hasta que se les quebró.

En algún punto las aguas embravecidas de ese mar emocional que era su relación se les perdió la ilusión en el fondo de los Levi´s raídos de los noventa de él. Se les perdió, pero lo peor es que no supieron estar a la altura y recobrar el rumbo. Fueron a la deriva, sin encontrara puerto seguro donde atracar, esperando que la marea guiase su avance, que la luna iluminara la travesía incierta que ya ninguno estaba seguro de querer navegar.

Y lo tiraron todo por la borda.

Aquello que había comenzado con el sol de cara y el viento a favor, se convirtió en una vieja leyenda de los mares, un cuento para niños que las madres siguen contando a sus hijas en las noches de tormenta y marejada.

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El faro de Bares

La vida del farero en Bares es dura y fría, sobre todo en los largos inviernos del año. También podría pensarse que es una existencia solitaria en medio de la punta formadora de tormentas de Galicia.

Podría pensarse, porque en verdad no es nada solitaria. Cada día llegan como abejas a la miel: turistas armados con Canons y Nikons esperando retratar las maravillas de esta parte del fin del mundo… Aunque luego siempre siempre se paran anonadados y entre chillidos excitados tratando de descifrar cual es el gallo entre las gallinas de mi corral.

De vez en cuando también aparece alguno o alguna, libreta y bolígrafo en mano. A esos te los puedes encontrar apoyados en cualquier risco, abstraídos en su mundo de ideas mientras garabatean sin parar en sus hojas en blanco.

Todos vienen en busca de algo, no creo que sepan con exactitud el qué. Simplemente vienen. No se dan cuenta de que ya lo tienen y los acantilados de la Estaca solo ayuda a liberarlos.

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Deseos sin piedad

Que baje la marea del mundo y me arrastre entre sus olas, ahogándome y cegándome con la sal en profundo del alma.

Que suba de repente la pleamar y me lleve con ella y me estrelle con fuerza contra las rocas de los escarpados acantilados da Costa da Morte.

Que llegue la noche y se fundan las estrellas en el horizonte todavía pintado del color de la sangre, y bajo su manto me lleven las meigas a su guarida de olvido y perdición.

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Vida marinera

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De lunes a domingo, el trabajo marinero no duerme. Desde siempre, el mar reclama para sí tu vida y la de tu familia, manteniendo penosamente a flotae la maltrecha economía familiar siempre a expensas de sus cambios de humor y de su cómplice climatológico.

Y es que ya se sabe que se dice: el mar aprieta pero no ahoga, salvo cuando te traga para siempre.

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