Liquidación de primavera

La primavera asoma detrás de las nubes de evolución, tapando la timidez del sol con sus pronunciadas barrigas llenas de humedad.

Las terrazas de las cafeterías comienzan a llenarse de humanos reconvertidos en caracol que se arrastran en busca de los escurridizos rayos de un sol todavía débil y sumiso, igual que ellos ante los golpes inmisericordes de la vida.

Como los demás, ellos también han salido de sus caparazones durante la tarde, en busca de un consuelo y amor perdido hace un tiempo. Son una pareja al final del camino conjunto, que transita los últimos recodos de la separación hablando como desconocidos sobre un café destemplado mientras reparten las ganancias de una vida perdida.

Por fin se respetan los turnos de palabra, con la educación que nunca antes fuera necesaria entre ellos. Porque ahora, puestos a perder los perdieron todo: desde el amor hasta la cartera, guardando solo reproches y sucios secretos, terminando por liquidar con prisas los activos de su desamor.

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Está dentro de ti

Solo te podía ver en la distancia y a veces ni siquiera te distinguía de la marejada de fondo que siempre te acompañaba.

Eras imposible de abordar, rodeada por el nutrido grupo de satélites que formaban tu coraza.

Vivías en una burbuja, brillante y atractiva en su exterior, imposible de ignorar la magia que te envolvía.

Salvo cuando alzas el velo protector, entonces las imperfecciones te vuelven humana y real, imperfectamente perfecta en un mundo donde sobran Barbies de plástico.

Déjate caer y vencer, lucha y vuélvete a erguir.

Está dentro de ti, esperando que te atrevas a continuar: ella, de la que me enamoré cuando solo eras tú.

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Suéltame de una vez

Me gusta el olor a ropa recién lavada cuando la tiendes bien temprano por la mañana, cuando todavía se está secando el rocío de la madrugada. Las manos se me quedan heladas al contacto con la ropa, casi no siento ni las pinzas ni la cuerda de tender. Inerte, como en tantos otros aspectos aspectos de mi vida me dejo arrollar por los acontecimientos, sin freno ni voluntad.

Y cuando la colada ya ondea liberada al viento no puedo evitar la envidia. Me celo de su libertad de movimiento, de su alegre danza a los ojos del sol.

Es un momento de liberación, pero también de final para mí: significa que debo volver adentro, a la oscuridad de su tiranía, a la locura de esos ojos que me miran con un odio eterno e injustificado. Cada día deseo ser una sábana, desprenderme con fuerza y de un tirón de las pinzas de su odio que me sujetan y salir volando por fin.

Quizás un día lo haga, antes de que él tome la decisión por mí.

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Despertar

Veo nuestras fotografías en la pared y parecemos felices. Nos asemejamos a una de esas parejas que duermen uno encima del otro toda la noche, sin separarse siquiera por la fina tela de la sábana.

Sin embargo ya no puedo contar el número de veces que ha sonado el despertador de tu lado de la cama sin que lo apagaras de un manotazo. Seguramente muchas más de las que me hubiese gustado.

No estás.

No estás ni siquiera para disculparte por no estar, algo muy tuyo eso.

Mañana será otra mañana como hoy, pero el despertador por fin sonará en el olvido.

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Como letras de Sabina

Primera colaboración del año con Letras & Poesía


Hace tiempo que el olvido se comió esa parte de mí donde reinabas en alborotado silencio, ordenándolo todo de esa manera tan tuya y tan poco mía.

Nos deshicimos la vida de golpe, tirándonos sin mirar si había cama sobre la que aterrizar cada noche, para luego tirárnosla a la cara sin ni siquiera llegar a parpadear… Demasiado deprisa, demasiado intenso, demasiado auténtico para vivirlo y saborearlo todo a la vez.

Siempre seremos como esa canción de Sabina: de los buenos noventa, seca, con letras muy fuertes para según qué oídos, pero también imposible de olvidar incluso queriendo. Hace demasiado que nos escuchamos en bucle las excusas, como un vinilo demasiado rayado que no pasa del cuarto corte, que te mata con sus chirrídos, pero que aun así no eres capaz de tirar porque qué bien suenan las tres anteriores, joder.

Nunca dejaremos de ser como ese poemario de bolsillo, tan manoseado, agrietado y lleno de marcas que solo tú entiendes y sin el que no puedes pasar de una estación de metro a otra. Y aunque lo arrastras contigo por el fondo de cada uno de tus bolsos, sigue ahí, fiel tras cada golpe inesperado.

Igual que las posesiones que guardamos por pura nostalgia, así nos mantenemos el uno al otro: en un eterno stand by lleno de por si acasos que nunca llegan a materializarse.

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De otra vida

El destello de un pintauñas descascarillado entre la multitud. El color granate brillando descolorido en la oscuridad. Tu mano pequeña sobre mi pecho, en medio de tu tatuaje preferido. El cuerpo pegado al mío, como si temieras que me fuera a escapar de tu alcance de repente.

Después de la cama el café con leche en el balcón, una taza para ambos era perfecta, igual que el pitillo a medias que siempre acababas por acaparar.

Fogonazos de recuerdos de otra vida.

Hoy el tatuaje de mi pecho descansa vacío, un agujero negro en medio de mi corazón sin tu mano que lo tapone.

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Ya (no) es tu día

Colaboración quincenal para Letras & Poesía


Hoy es uno de tus días, uno de esos en los que siempre nos encontrábamos en el punto cero, donde todo comenzó, sobre los adoquines de las calles que nos vieron tropezar y caer mientras crecimos.

Yo tenía demasiados pocos años y tu alguno más. Tú te acordabas de mí, de cuando todavía no sabíamos contar, pero hiciste como que no, igual que yo. Parecía más fácil así. Cruel el destino cuando te presenta delante lo que siempre has sabido que no, pero te empuja a intentar que sí.

Pero como te decía, hoy es uno de tus días, solo que ya no lo es, pero porque yo no quiero, porque ya no puedo quererlo. A pesar de ello, tus canciones siguen ahí, en la carpeta de los por si acaso, junto con las cartas que se acumulan y me colapsan el disco duro de recuerdos y sentimientos que ocupan demasiado para ser enviados por correo electrónico o postal.

Sigue siendo tu día, aunque en realidad, ya no lo sea. Es seguro que hoy nos vamos a cruzar: tu de camino a tu casa en la misma desvencijada bicicleta que tenías hace diez años y yo de camino a la mía, rodeados de gente a cada paso. Pero habrá un momento en que mis ojos se pegarán a los tuyos, fuerte, como cuando te miraba turbia desde abajo y tu respondías desde arriba.

Solo será un segundo porque a pesar de que es tu día, en realidad ya no lo es.

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El cuento de lo que se les perdió

Empezó como empiezan todas las cosas bonitas: con el sol de cara y el viento a favor.

Las velas totalmente desplegadas rugían con la intensidad de su pasión, comprometiendo con cada acometida la estabilidad del timón. Variaban el rumbo cada día, manteniéndose fieles solo a sus brújulas perdidas en el deseo, llenas de ilusión, rebosantes cuando se trataba de libertad.

Hasta que se les quebró.

En algún punto las aguas embravecidas de ese mar emocional que era su relación se les perdió la ilusión en el fondo de los Levi´s raídos de los noventa de él. Se les perdió, pero lo peor es que no supieron estar a la altura y recobrar el rumbo. Fueron a la deriva, sin encontrara puerto seguro donde atracar, esperando que la marea guiase su avance, que la luna iluminara la travesía incierta que ya ninguno estaba seguro de querer navegar.

Y lo tiraron todo por la borda.

Aquello que había comenzado con el sol de cara y el viento a favor, se convirtió en una vieja leyenda de los mares, un cuento para niños que las madres siguen contando a sus hijas en las noches de tormenta y marejada.

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Escampará

Y se fue, como se van las nubes después de un chaparrón tropical, así sin avisar.

Construyó lejos todo aquello que aquí dinamitó con su marcha. Pero no se fue solo: se hizo acompañar de la parte racional que todavía me mantenía viva, dejando tras de sí una cáscara vacía, rota de promesas sin empezar a cumplir y sueños todavía sin imaginar.

Después de la tormenta siempre suele escampar, pero después de ti al sol ya no le queda valor.

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