Hogar

Nuestra cama es mi hogar, ese lugar único e inaccesible donde puedo ser yo misma sin descafeinar.

Las sábanas enredadas entre las piernas, arrugadas en aquellos lugares donde necesito aferrarme cada noche contigo, hablan de ti y de mí, de cuando hacemos el amor y hasta de cuando perdemos un poco la razón.

Cuentan historias de placenteros ojos en blanco, de gemidos a media voz y jadeos a media tarde, de besos secretos y palabras prohibidas. Te pueden contar cuantas tarde de lluvia nos pasamos compitiendo con el soniquete de las gotas contra la ventana, tantas, que todavía saben a poco. También pueden dar razón de los para siempre, de las muchas despedidas, como siempre entre tú y yo, pero también de los reencuentros por todo lo alto.

Pueden decir eso y mucho más porque nuestra cama es hogar y tu pecho mi parapeto.

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Está dentro de ti

Solo te podía ver en la distancia y a veces ni siquiera te distinguía de la marejada de fondo que siempre te acompañaba.

Eras imposible de abordar, rodeada por el nutrido grupo de satélites que formaban tu coraza.

Vivías en una burbuja, brillante y atractiva en su exterior, imposible de ignorar la magia que te envolvía.

Salvo cuando alzas el velo protector, entonces las imperfecciones te vuelven humana y real, imperfectamente perfecta en un mundo donde sobran Barbies de plástico.

Déjate caer y vencer, lucha y vuélvete a erguir.

Está dentro de ti, esperando que te atrevas a continuar: ella, de la que me enamoré cuando solo eras tú.

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Retazos pasionales

Es como cuando ves a alguien besarse de verdad, con ganas, hasta casi comerse en la boca del otro.

Tienen tanta prisa y ansia que se entrelazan fuerte, lengua con legua, bebiéndose el alma por la boca.

Ellos eran de ese tipo, de los impacientes, de los que se aman tan rápido como fuerte. Sin medida.

La pasión los arrasó sin piedad, despojándolos de toda vanidad.

De jovencitos eran imparables: una fuerza de la naturaleza combinada.

Hoy son la pareja que pasea cogida con la misma fuerza de antaño por el parque, sin soltarse nunca las manos.

La memoria a ella la abandonó, pero el la conserva por los dos.

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Para ti de mí

Por el ventanal se cuela una leve brisa helada.

La música suave suena desde el mini altavoz de viaje que siempre nos acompaña.

Afuera hiela y hasta nieva, pero aquí dentro el sol late entre nosotros.

Frente al ventanal damos vueltas al ritmo de nuestra música. Tú me susurras al oído cada letra de la canción, como si hubiera sido escrita para mí de ti.

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Desde mi lado de la cama

Te observo desde mi lado de la cama, a veces tan lejos de ti que asemeja un abismo entre los dos. Pero no esta madrugada, hoy con solo inspirar te metes dentro de mi hasta por la nariz.

Te miro y vuelvo a mirar a cada minuto, no estoy muy seguro de que si cerrara un rato los ojos te fuera a encontrar al abrirlos. Te veo a ti y me fijo en la depresión que forma tu cadera con tu pierna eterna.

No puedo evitarlo y tengo que acercarme y cubrir ese hueco desnudo con una caricia primero, luego con un suave mordisco que me permita saborearte un poco más.

Te siento sonreír por como tensas la piel, aún sin despertar del todo, todavía en tus sueños pero tan feliz.

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Despertar

Veo nuestras fotografías en la pared y parecemos felices. Nos asemejamos a una de esas parejas que duermen uno encima del otro toda la noche, sin separarse siquiera por la fina tela de la sábana.

Sin embargo ya no puedo contar el número de veces que ha sonado el despertador de tu lado de la cama sin que lo apagaras de un manotazo. Seguramente muchas más de las que me hubiese gustado.

No estás.

No estás ni siquiera para disculparte por no estar, algo muy tuyo eso.

Mañana será otra mañana como hoy, pero el despertador por fin sonará en el olvido.

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Espejito

Ojalá te vieras como te veo yo.

Ojalá un espejo mágico en mis ojos para reflejar toda tu belleza, todo ella, no solo la evidencia de tus curvas elegantes. Sobre todo la rotundidad de tu mente, lo afilado de tu pensamiento, la pureza de tu ser.

Ojalá un osasis con un espejismo que te mostrara desde fuera, sin los engaños de los velos de tu mente.

Ojalá tú y yo siempre, desnudos frente al espejo. Tú queriendo huir, sin querer ver ni mostrar. Yo rogándote que te rindas a la evidencia de tu belleza.

Ojalá te quisieras como te quiero yo.

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De otra vida

El destello de un pintauñas descascarillado entre la multitud. El color granate brillando descolorido en la oscuridad. Tu mano pequeña sobre mi pecho, en medio de tu tatuaje preferido. El cuerpo pegado al mío, como si temieras que me fuera a escapar de tu alcance de repente.

Después de la cama el café con leche en el balcón, una taza para ambos era perfecta, igual que el pitillo a medias que siempre acababas por acaparar.

Fogonazos de recuerdos de otra vida.

Hoy el tatuaje de mi pecho descansa vacío, un agujero negro en medio de mi corazón sin tu mano que lo tapone.

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Prometido

— Prométeme que siempre nos vamos a esforzar, que no vamos a permitir que se apague esto que tenemos.

— Tienes mi palabra… y las promesas no se rompen.

Años después seguimos en pie, defendiendo la fortaleza alrededor de los corazones, soplando con ganas para que la llama no se consuma.

Pensándonos un poquito cada día, aunque la distancia nos consuma. Creyendo en ti, incluso cuando ni tú mismo crees en ti. Cuando sientas que la sed te invade, yo seré la lluvia que te sacie. Seré la mano que impulse tu fortuna, la misma que te va a mecer en las noches de incertidumbre.

No sufras, deja de pensar. Permite que las luces del tráfico te distraigan, que el viento te pellizque la cara: coge mi mano y salta, estaré ahí para ti.

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Y entonces qué

Me miras y te siento hasta bajo la piel.

Y entonces qué.

Entonces quiero beberte a sorbitos, para saborearte sin atragantarme. Quiero comer de tu ombligo la fruta de temporada, como la golosina de la naturaleza que eres.

Quiero bañarme en tu esencia. Envolverme en tu perfume y emborracharme de golpe con cada bocanada de aire inspirada.

Entonces…

Pues entonces quiero vivir hasta que sea mi hora en el hueco de tu clavícula.

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