Aquellos niños

Ayer me encontré con la vecina del primero en el portal y me comentó que no sabía que teníamos niños, sorprendida le confirmé que no, que no tenemos, y dejé a la mujer tan desconcertada como ella me había dejado a mí.  No encontré sentido a su pregunta en aquel momento, y no volví a pensar en ella hasta hace un rato.

Con las mejillas todavía arreboladas, mi reflejo me devuelve la mirada desde el espejo semi empañado del lavabo. En verdad parece que todavía tenga los veinte años que la gente sigue suponiendo que tengo, claro que la gente supone cualquier cosa, como que en nuestra casa hay niños que corren descalzos por el parqué a media tarde, que se ríen como locos y se revuelcan por el sofá para terminar aterrizando con un golpe sordo en el suelo, que los grititos y risas sofocadas provienen de juegos infantiles y no de dos locos enamorados desde hace tantos años.

Podríamos decir que sí, que tenemos niños, que todavía mantenemos a esos niños que fuimos bien anclados en nuestro interior, que aquellos adolescentes con varios grados de temperatura corporal por encima de lo normal siguen intactos. Podríamos decir muchas cosas de quienes fuimos, todavía más de quienes somos hoy, pero lo cierto es que lo único que importa es el tú y yo.

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Hogar vs Casa

Quiero que sepas que eres mi hogar, que la vela que nos calienta por las noches se alimenta de las brasas que arrastran tus risas y las mías. Que despertarme contigo le da una luz diferente a cualquier día por oscuro que sea.

Me gustaría que supieras muchas cosas, pero aunque parezca mentira después de tantos años, las palabras siguen quedándose atascadas en la garganta en cuanto te veo. Quisiera ser mejor, aprender a volar con mis sentimientos sin miedo a caer contra el asfalto, dejarme llevar y soltarme el pelo en la almohada sin reparos cada noche, sin temer el vacío de la caída.

Dicen que lo importante no es caerte, sino saber levantarte después y contigo he aprendido mucho, tanto que tras cada traspié en el que la vida me pone de rodillas vuelvo siempre a levantarme, con la mirada puesta en el próximo café compartido por la mañana.

Casa es aquí y allá, pero hogar solo es tu espalda contra la mía.

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Radio silencio

Léelo también en Letras & Poesía


Ya casi no me queda nada de ti dentro, vas purgando tu efecto en mí como una mala droga, de las que te hacen tocar el cielo al principio y te descienden a los infiernos sin que te llegues a enterar mientras suena radio silencio, la que siempre tienes sintonizada para mí.

No te das cuenta. Simplemente coges las maletas y te vas. Me besas y me abrazas, eso siempre, y también me dices que me quieres y que me echarás de menos, pero esas palabras ya suenan huecas. Sales por la puerta y un cristal antibalas se instala entre nosotros, la distancia impone su ritmo y tú te dejas, te despistas y la dejas hacer, como si fuera una amante demasiado exigente.

Dime que hay de cuando me besabas con toda boca, no solo con labios secos. Dónde se quedó el dormir en brazos del otro, ahora para alcanzarte debo eludir el foso de distancia que impones en la cama por tu comodidad. A dónde mandaste las bromas, las risas compartidas, las ganas de mí.

Dime donde estás y te prometo que voy a rescatarte de ti mismo si hace falta, pero pídemelo…

Pídeme que te traiga de vuelta, que te que bese con los ojos como antes, que dimensione la distancia para ti de manera que deje de importar. Pídemelo y convertiré al arco iris en máquina del tiempo por y para ti.

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A los que esperan en casa

Sois vosotros, sois los pilares que les hacen resistir, en quienes piensan para volver a casa tras cada día difícil, por quienes se angustian cuando la jornada se alarga y no pueden tomarse un momento para avisaros.

Sois la otra cara, la sufridora, la que hipoteca su vida por la de ellos y por la de todos en realidad, porque les seguís por todo el país, voláis lejos con alas prestadas, con el orgullo que solo entre vosotros podéis compartir porque no todos lo entienden.

Son muchas las veces que habéis de callar, aguantar los insultos casuales temiendo reacciones adversas, pasando de largo ante pintadas ofensivas, tratando de encontrarle explicación a algo que no lo tiene.

Pero calláis y bajáis la cabeza, porque no merece la pena, porque todos pertenecéis a la misma familia.

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Concierto privado

La música suena de fondo, la misma que el verano pasado vivimos saltando como dos locos enamorados en los conciertos. Hoy sin embargo, suena más suave y acústica para que puedas tocarme al ritmo sin perder un solo compás.

Me tienes sentada sobre tus rodillas, agarrada como si fuera esa guitarra española que sé, te hubiera encantado aprender a tocar. Mi cuerpo hace las veces de ese sueño incumplido, supliendo la aspereza de las cuerdas, con la suavidad de mis curvas bajo tus dedos.

Rozas despacio mi piel, con la palma de la mano, procurando arrancarme el sonido de lo más hondo de la garganta, raspado los recuerdos de casi una vida de mutua compañía, de locuras y aventuras, de tonterías.

Somos distintas caras de la misma manera, indivisibles en su conjunto, unidas en su futuro.

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Hogar

Nuestra cama es mi hogar, ese lugar único e inaccesible donde puedo ser yo misma sin descafeinar.

Las sábanas enredadas entre las piernas, arrugadas en aquellos lugares donde necesito aferrarme cada noche contigo, hablan de ti y de mí, de cuando hacemos el amor y hasta de cuando perdemos un poco la razón.

Cuentan historias de placenteros ojos en blanco, de gemidos a media voz y jadeos a media tarde, de besos secretos y palabras prohibidas. Te pueden contar cuantas tarde de lluvia nos pasamos compitiendo con el soniquete de las gotas contra la ventana, tantas, que todavía saben a poco. También pueden dar razón de los para siempre, de las muchas despedidas, como siempre entre tú y yo, pero también de los reencuentros por todo lo alto.

Pueden decir eso y mucho más porque nuestra cama es hogar y tu pecho mi parapeto.

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Está dentro de ti

Solo te podía ver en la distancia y a veces ni siquiera te distinguía de la marejada de fondo que siempre te acompañaba.

Eras imposible de abordar, rodeada por el nutrido grupo de satélites que formaban tu coraza.

Vivías en una burbuja, brillante y atractiva en su exterior, imposible de ignorar la magia que te envolvía.

Salvo cuando alzas el velo protector, entonces las imperfecciones te vuelven humana y real, imperfectamente perfecta en un mundo donde sobran Barbies de plástico.

Déjate caer y vencer, lucha y vuélvete a erguir.

Está dentro de ti, esperando que te atrevas a continuar: ella, de la que me enamoré cuando solo eras tú.

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Retazos pasionales

Es como cuando ves a alguien besarse de verdad, con ganas, hasta casi comerse en la boca del otro.

Tienen tanta prisa y ansia que se entrelazan fuerte, lengua con legua, bebiéndose el alma por la boca.

Ellos eran de ese tipo, de los impacientes, de los que se aman tan rápido como fuerte. Sin medida.

La pasión los arrasó sin piedad, despojándolos de toda vanidad.

De jovencitos eran imparables: una fuerza de la naturaleza combinada.

Hoy son la pareja que pasea cogida con la misma fuerza de antaño por el parque, sin soltarse nunca las manos.

La memoria a ella la abandonó, pero el la conserva por los dos.

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Para ti de mí

Por el ventanal se cuela una leve brisa helada.

La música suave suena desde el mini altavoz de viaje que siempre nos acompaña.

Afuera hiela y hasta nieva, pero aquí dentro el sol late entre nosotros.

Frente al ventanal damos vueltas al ritmo de nuestra música. Tú me susurras al oído cada letra de la canción, como si hubiera sido escrita para mí de ti.

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