El cuento de lo que se les perdió

Empezó como empiezan todas las cosas bonitas: con el sol de cara y el viento a favor.

Las velas totalmente desplegadas rugían con la intensidad de su pasión, comprometiendo con cada acometida la estabilidad del timón. Variaban el rumbo cada día, manteniéndose fieles solo a sus brújulas perdidas en el deseo, llenas de ilusión, rebosantes cuando se trataba de libertad.

Hasta que se les quebró.

En algún punto las aguas embravecidas de ese mar emocional que era su relación se les perdió la ilusión en el fondo de los Levi´s raídos de los noventa de él. Se les perdió, pero lo peor es que no supieron estar a la altura y recobrar el rumbo. Fueron a la deriva, sin encontrara puerto seguro donde atracar, esperando que la marea guiase su avance, que la luna iluminara la travesía incierta que ya ninguno estaba seguro de querer navegar.

Y lo tiraron todo por la borda.

Aquello que había comenzado con el sol de cara y el viento a favor, se convirtió en una vieja leyenda de los mares, un cuento para niños que las madres siguen contando a sus hijas en las noches de tormenta y marejada.

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Sin besarte

Besarte se convirtió en un acto reflejo, algo que podía dar por sentado cada día. Hasta que te fuiste y caí en la cuenta. 

Me di cuenta de ti, de la importancia de esos besos de buenos días y, sobre todo, de buenas noches. De repente fui consciente de la necesidad que tengo de tu boca sobre la mía, de un beso de esos que te recorren la boca entera, te perfila los labios, te lame el cielo de la boca, te acaricia suave cada muela y hasta te besa el alma. 


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Abuelas embrujadas…

— Abuelaaaaa, ¿por qué el tiesto de la entrada está caliente? ¿Las plantas hierven?

—¡Neno estate quieto! No me toques el caldero… digo el tiesto, que no es para jugar…

— Mamaaaaá, la abuela no me deja tocar nada…

— ¿Otra vez luna llena ayer a la noche mamá? —  un gesto afirmativo a su hija confirma que la abuela ha tenido una noche movidita y que no está para que le toquen ni el caldero ni otra cosa…

— Ay diosa… ¿Cómo me mandas un nieto…? —  suspira con resignación.

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Desmemoria

Me gustaría escribirte una carta como las de antes, un mensaje escrito sin pretensiones de inmediatez como los de ahora que se acumulan sin abrir en la bandeja de entrada esperando a ser descartados en dos segundos.

Quisiera escribirla e imaginar como la recibes, extrañado por encontrar en el buzón algo diferente a la habitual propaganda, pero también absurdamente emocionado al ver mi letra desastre en el reverso del sobre.

Te tomarías tu tiempo para leerla, estoy segura de ello, saboreando cada palabra mientras imaginas las inflexiones de mi voz casi como si te la estuviese leyendo yo misma, incluso te puedo ver cerrando los ojos como para poder observarme.

Es un sueño simple: escribir y mandar una carta… un sueño hoy irrealizable. El tiempo te ha robado las posibilidades, se te ha llevado la memoria de una vida a medio vivir.

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Retornos de otoño…

Hace un mes que estoy desaparecida, ¿la razón? una oposición que me tenía loca. Ya vuelvo a ser libre y vuelvo de lleno a escribir y publicar y a leeros. ^^


En la tele de la terraza no dejan de repetir que el tiempo está loco, que estamos viviendo un veroño de órdago, un año más.

Tanto es así que tienes el plan perfecto entre manos: una coca-cola bien fría delante, acompañada de ese poemario que nunca tienes tiempo de terminar. Se trata de poemas sugerentes, elegantes, pero también evocativos a los placeres que tanto tiempo hace que no catas. Es por ello que de cada tanto no puedes evitar levantar la vista, alejándola de esas palabras que se te clavan fuerte en ciertas partes de la mente.

Es en una de esas pausas cuando le ves. No está solo, son un grupo de chicos y chicas entre copas, tonteando unos con otras, entonados demasiado pronto, aunque nunca lo sea lo suficiente en realidad. Salvo ese par de ojos que están fijos en ti por encima de la copa ginebra que saborea despacio, entornando la mirada a cada sorbo, como para estudiarte mejor, igual que el lobo de Caperucita.

Te ruborizas y bajas la vista, solo un momento, para luego alzarla de nuevo son una sonrisa en cada pestaña.

Quien sabe como terminará la tarde… Todo es posible con este calor inusual, hasta terminar saboreando un gintonic en la boca de otro en el baño de un bar.

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Escóndete de mí

Colaboración quincenal para Letras & Poesía para quien se lo haya perdido.


Escóndete de mi vista.

Aparta de mí tu mirada de luz y oscuridad. Tapa también tras los dientes esa sonrisa de pasión por la que me dejas asomar.

No vuelvas a mostrarme nada, o me perderé dentro de ti para siempre. Me ocultaré donde no puedan encontrarme, entre la espesura de tu mirar.

No juegues más, ocúltame el pliegue desnudo de tu ingle y la curva perfecta que desafía a la gravedad de tu pecho descubierto.

Pues contigo albergándome en tu interior, la plenitud alcanza otra dimensión, porque tú eres de mí como yo soy de ti también, partes independientes de un todo aleatorio.

Por eso no debes mostrarte ante mí otra vez, ya que una vez lo haga me escurriré entre tus dedos como el agua de tormenta en septiembre.

aaaaaaaaaaaaaaaaa

 

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Solo que no eras tú

Las últimas luces del día acompañan al bus que me lleva a casa, es un día como cualquier otro, observando como la sequía invade un poco más el canal del río de mi ciudad. Salvo que hoy soy más consciente que nunca de soledad que viaja a mi lado en el asiento contiguo a mí.

La melancolía del otoño arranca las hojas caducas de los árboles y las arrastra por las aceras junto con mi ánimo. Es uno de esos días: tristes, pero bonitos en su propia dimensión de tristeza.

El traqueteo del bus casi me adormecía hasta que de repente se sube este chico un par de paradas antes de llegar a la mía. No tiene nada de particular, ni siquiera me parece un atractivo especial, pero al pasar por mi lado casi inmediantemente vuelvo mi mirada hacia su espalda.

Esa colonia….

Esa es la tuya. Fuerte, tanto que parece calar hasta los pulmones, aunque a mi me gusta así. Solo que no eres tú. Solo es tu fragancia, ni rastro de tu sonrisa ni de tu cálida esencia.

Un simple atisbo de ti y casi puedo olerte, sentirte tras mi espalda igual que siempre. Solo que no estás.

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