En la cama

Cada mañana suena el despertador con descaro, arrancándote del dulce sopor de la noche… Salvo los fines de semana, entonces el despertar tiene otro significado…

Es el mejor momento de la semana, el verle despertar bajo la presión de tus besos mientras se despereza despacio, enfadado porque quiere seguir durmiendo. El pecho se te llena de esa sensación caliente y plena que solo tiene cabida en situaciones como esa, cuando no puedes menos que sonreír y seguir buscando su boca, la que te huye bajo la almohada de nuevo.

Aunque lento, por fin se sacude el sueño de los ojos y la mente y los recuerdos de la noche anterior acuden raudos a la atmósfera de vuestra cama. Cuando se gira hacia ti buscando tus labios ya lo sabes, ahora sí, buenos días…

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No hay mejor despertar que ese enfado matutino cuando te das cuenta de quien es el culpable…

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Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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Posibles futuros

Todos los días mi cabeza piensa demasiado, tanto en cantidad como en velocidad. Tengo un trabajo demasiado manual y rutinario que llega un momento en que todos los días haces lo mismo de memoria, y me da tiempo a todo. Me da tiempo a imaginar y a reimaginar, a pensar y a suspirar, a emocionarme antes de tiempo y a deprimirme por a lejanía de cada uno de los futuros que me imagino.

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A estas alturas del año, las golondrinas se buscan y se juntan para emprender la nueva estación en otro lugar, como los nuevos universitarios, unos se buscan a otros y emprenden ese vuelo que yo también anhelo, en el que pienso cada día.Cuando también te pienso a ti.

Y que por fin todos esos sueños cotidianos se conviertan en realidad. Que al final de cada día tú me esperes a mí y yo te espere a ti, y que si el mundo se acaba del otro lado de la ventana solo signifique un día más entre las sábanas.

Que no importe la falta de vacaciones porque no tengamos ni un duro de los de antes o un euro de los de ahora, porque despertarse son tus molestos mimos matutinos valen más que una semana en el paraíso. Además, siempre nos quedarán esos viajes interminables de vuelta a casa y al mar, llevando tu rock favorito de banda sonora mientras yo trato de no quedarme sorda en el copiloto.

Poco importan los pequeños detalles y los grandes momentos viviendo una vida impregnada de ti.

Jugar con tu piel

Como en ese cuento y en ese poema, en un olvidado cd en un cajón le canta una canción a ese alguien que fui pero que ya no seré más.Cansada de un amor que me quitó la vida, que me dejó  seca de sinsabor hasta probar la felicidad que me trajiste con tu amor.

Quiero jugar con tu piel, pasar por tu cuerpo como olas de hiel y oleadas de fuego…tu nuevo amor que no duele, que me hace feliz así, sin tener que paga el peaje de la tristeza y la aduana de un mar de lágrimas…

Un nuevo amor este que cuando duele nada sale, la tinta se seca en la punta de mi pluma incapaz de encontrar el sosiego necesario para compartir la pena de amar bien. Pero no importa, porque aún en esos momentos sigo queriendo jugar en tu piel, pasar como oleadas de hiel y olas de fuego…

Porque solo tu me conoces, a mis secretos y silencios, esos que esconden las bondades de la épica del día a día y la rutina del conocer, cuando juego con tu piel…

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Fueron a comprar muebles de IKEA.

Las etapas de las relaciones son muchas y muy variadas. Hay relaciones que ni siquiera tienen etapas propiamente dichas, esto es mundialmente conocido como el síndrome Ted Mosby, es decir, personas que van por ahí diciendo “te quiero” en la primera cita.

Sin embargo no es lo normal.

Tampoco es normal tirarse seis años yendo y viniendo, teniendo que aguantar como la gente de tu alrededor te pregunta, ¿pero que sois? ¿novios? ¿amigos? ¿follamigos? NO LO SE NI YO, te gustaría gritar, pero no lo haces, te limitas a sonreír y a mover la cabeza diciendo algo como… que más da, no hace falta poner nombre a todo, yo no etiqueto mis relaciones. Yaaaaa, claro.

Pero estábamos hablando de las etapas. Supongo que la primera sería cuando os dais los primeros besos, todo muy casto e inocente. Aún. Más tarde o más temprano (dependiendo) te acuestas con él/ella, es otra etapa diferente, aunque el intervalo que va de una a otra sea de un par de días o meses, o solo minutos.

Si finalmente la cosa no queda en los dos primeros encuentros, lo que viene siendo la primera cita o noche, se llega a la etapa o barrera de los tres meses, donde muchas parejas se quedan y no consiguen saltar el gran muro que representan los tres meses de relación, cuando las cosas se empiezan a poner más serias y ya te conoces todos los lunares de la otra persona.

La siguiente etapa está bastante más lejos en el tiempo de la anterior, sobre todo ahora que la gente se va de casa de sus padres más allá de la treintena. Efectivamente, te vas a vivir con ESA persona. Haces vida de pareja, tienes que compartir y ceder cosas, puede ser fácil o también difícil, para muchas parejas es la mejor etapa de todas, es el gran POR FIN. Por fin vivimos juntos, por fin podemos estar solos, por fin podemos dormir todas las noches juntos, por fin podemos ver películas tirados en el sofá…

Pensareis que la siguiente gran etapa es casarse, o formalizar aun más la relación de alguna manera, o que ya no hay más etapas. Pues no. La última y gran etapa de una relación es una prueba bastante complicada de superar para algunas parejas: ir a comprar muebles al IKEA y montarlos juntos.

Os parecerá una tontería, pero no son tan fáciles de montar como dicen y al final siempre se acaba discutiendo y enfadad@ por culpa de una cómoda…

Estoy segura de que la mayoría de las parejas no han pasado por ninguna de estas etapas, aunque igual por alguna si, pero lo que sí se es que hay frases que oyes o te dicen o simplemente se te ocurren y desatan en tu cabeza mil ideas… 

“Fueron a comprar muebles de IKEA” fue una de esas frases. 

Gracias yasabesquién! Espero que os haya gustado!