Un tango en el Retiro

Entre el verde del Retiro suenan las notas de un tango argentino. La voz de Gardel se pierde entre el verdor del pulmón verde de la ciudad, atrayendo a los que pasean entre los caminos laberínticos del parque.

Con más arrugas que cuando con apenas 16 años aprendió a cruzar las piernas al ritmo de la música, baila exactamente igual que entonces. La falda bermellón revolotea a su alrededor, haciendo parecer que flota un par de palmos por encima del resto de mediocres bailarines que lo intentan a su lado,

En verdad su compañero no es experto bailarín, pero su destreza hace que ambos brillen con intensidad en las tardes de la calígula madrileña. Por amor al arte hacen las delicias de los turistas de también de los de siempre, que acuden puntuales a las citas domingueras de última hora, anónimos, pero que son los de siempre, dispuestos a aplaudir y emocionarse con cada quiebro.

La juventud de las carnes la ha abandonado hace poco, pero su espíritu es más joven que nunca bajo las últimas luces del último domingo, bailando como si no fuera a haber otro al final de la semana próxima.

Licencia Creative Commons
CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Anuncios

Ser y estar

Cada vez que te veo me invade esa característica sensación avergonzada. Eres mi cúmulo perfecto de pesares, esos que nunca tuvieron una cura apropiada. Todavía sigues siendo mi lastimosa debilidad en las noches en blanco, cuando te pienso y te dejo entrar y ya no puedo dejarme ir a la paz de la fase REM.

Continúas en mí, como el alcohol de garrafón del último local, arrojándome a los brazos de la resaca emocional consentida.

Sigues y seguirás, porque yo te lo permito, porque te dejo ser y estar en mí una década más.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Un café con frío

Kilómetros más tarde por fin se apea de su moto. Trata de sacudirse los mosquitos de encima, tarea complicada la de arrancarse pequeños cadáveres aplastados contra el pecho a 100 por hora.

Se quita la chaqueta de un tirón para sentir la piel de gallina en los brazos mientras mira alrededor. La gente pulula sin descanso por el paseo marítimo: perros como locos con las orejas al viento, niños motorizados en patinetes, la marea subiendo constante y con fuerza.

Decide tomarse un café en el que parece ser el lugar de moda. Entra con paso seguro en la terraza de madera con las recias botas retumbando a su paso,  agarra la chaqueta y casco en una mano, en la otra sujeta la ilusión de alcanzar por fin lo que hace rato perdió.

Al fondo las islas Cíes guardan la entrada marítima de la ciudad igual que dos vigías eternos y hermosos. La mirada se le pierde en la visión del paisaje, más allá del bullicio de alrededor, cada vez más lejos de su propia mente. El café olvidado se enfría al pensar en todo y en nada a la vez, en realidad nunca le ha gustado demasiado el sabor amargo del café, prefiere uno de esos combinados con caramelo, bien dulces y toda una aberración para los cafeteros puristas.

Puede que el café no le guste en exceso y que ya esté helado, al fin y al cabo ni siquiera es primavera todavía, pero mientras el calor abandona el líquido es como si se fundiera con su interior y por fin comienza a sentir templanza en el alma…

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

Acuarelas

La plaza mayor se agita a tu alrededor: los niños recién salidos de la escuela, las madres merienda en mano, trabajadores que vuelven a sus casas, enamorados que exprimen las últimas horas de sol del otoño. Todo ello es realidad y también acuarela, técnica en la que tu trabajas mejor: emborronándolo todo primero para luego definir con precisión.

Siempre en la misma terraza, sentado cada vez en un ángulo distinto, dispuesto a captar cada vez una nueva y mejor imagen que plasmar en el papel. Los camareros que no te conocen tuercen el gesto cuando ven para que usas el vaso de agua que les has pedido. Los hay que conocen tus costumbres te lo ceden con gusto, saben que luego se quedaran con un pedacito de tu arte.

Porque así eres tú, creador y artista, de esos que dejan que sus obras vuelen lejos de él para encontrar su hogar. El arte es poco agradecido dicen, pero es alimento para el alma.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Premios 20 Blogs

Hoy vengo a pediros un favor: se abren las votaciones para los Premios 20 Blogs en la categoría de Personal. Me haría mucha ilusión si os tomarais un momentito para darme un voto con el que ayudarme no a ganar, sino a participar que al final es lo más importante, participar y que nos vayamos conociendo entre nosotros.

Aquí os dejo el enlace directo al perfil de mi blog por si os animáis… Recordad que para poder votar hay que estar registrado, solo toma un momentito ☺️

Enlace para votar

Ojalá para siempre: unidas y fuertes

Hoy más que nunca somos las nietas de aquellas que murieron quemadas por luchar por sus derechos, por no conformarse y querer para sí mismas y para sus hijas un presente y un futuro mejor.

Por ellas llevamos dentro todo lo necesario para seguir levantándonos por nosotras mismas, por nuestras hijas y también por nuestros hijos, para que sean parte de una lucha que nos incumbe a todos y todas

Somos herederas de la fuerza de nuestras madres, de nuestras abuelas y todas las mujeres antes que ellas que lucharon porque fuéramos iguales que la otra mitad de la población del mundo.

Somos más de la mitad en realidad, porque somos más longevas, aunque en muchas ocasiones nos limitamos a sobrevivir cuando en nosotras nace la vida, somos vida.

Si nosotras paramos, la vida se paraliza.

Ojalá un mundo donde seamos y nos sintamos libres, donde no tengamos que mirar atrás en una calle oscura con el móvil en ristre, por si acaso.

Ojalá una sociedad donde las miradas sean limpias y no ensucien la belleza de unos cuerpos hechos para admirar.

Ojalá pronto, ojalá para siempre: unidas y fuertes.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Soy yo

La dureza de mis palabras compite con el desapego de tus labios cada vez que arremeto contra ti sin merecerlo. Aguantas cada estocada con cuajo, sin retroceder un paso atrás, como si supieras que de hacerlo sería el final. Final de mi precario equilibrio, de mi denostada confianza más allá de mi propia coraza.

Soy injusta, mis propios sentimientos me embaucan cada vez más, haciéndome alejarte cuando en realidad necesito todo de ti.

Siendo como si me hubiera perdido en esta vorágine de nostalgia y pesar, anclada en vanos anhelos que sé no llegarán.

Soy yo la que te debe, no tú el que ha de pagar.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

2018

Hoy es el día en que cada año nos hacemos promesas, fijamos metas y objetivos, algunos posibles, otros que nosotros mismos sabemos que no queremos o no podemos cumplir realmente.

Este año hagámoslo diferente. Pasemos de prometer, de planificar, a hacer. Dejemos para nunca las promesas vacías, los sueños aparcados, desempolvemos ilusiones y sacudámonos de vida.

Que este año sea el primero de la sucesión de uno de tantos, a cada cual más pleno y feliz.

Feliz comienzo de año, brindo con vosotros y vosotras como siempre, con una taza de café.

hands-1283917_1920

 

Abuelas embrujadas…

— Abuelaaaaa, ¿por qué el tiesto de la entrada está caliente? ¿Las plantas hierven?

—¡Neno estate quieto! No me toques el caldero… digo el tiesto, que no es para jugar…

— Mamaaaaá, la abuela no me deja tocar nada…

— ¿Otra vez luna llena ayer a la noche mamá? —  un gesto afirmativo a su hija confirma que la abuela ha tenido una noche movidita y que no está para que le toquen ni el caldero ni otra cosa…

— Ay diosa… ¿Cómo me mandas un nieto…? —  suspira con resignación.

witch-2146712_1920.jpg

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.