Aparentas ser

Juegas al teléfono roto sin cobertura tratando de alcanzarme otra vez, pretendiendo que vuelva a enredarme contigo.

Eres tan de ayer que vuelves a estar de moda, como cualquier prenda u objeto vintage que nos enamora desde un escaparate. Incluso ese carácter espinoso que tanto te esfuerzas en mostrar combina con los cactus decorativos de cualquier salón de diseño.

Eres tan real como ambiguo. Eres tantas cosas que ya no sé distinguirte.

Lo único que sé con seguridad es que eres el mismo error cometido una y otra vez, así de sencillo y complicado a la vez. Me tiendes de nuevo la mano y sé que no debo cogerme, lo tengo tan claro como que ya estoy aferrada a ella antes incluso de querer darme cuenta.

Mala combustión

Hay momentos que se quedan grabados en la mente, puede que no recuerdes las palabras que usaste, o quizás sí y las repitas inconsciente una y otra vez en la mente, como un mantra que te aporta seguridad, como una sensación que te acosa sin dejarte respirar.

Puede que no tengas claro qué día de la semana era o qué llevabas puesto mientras sucedía, pero seguro que si te pregunto qué sentías sabrás contestarme muy bien, ni siquiera necesitarás pensar demasiado en ello, con sentirlo será suficiente. Una ola de energía de traspasa con fuerza, lista para arrollarte si no tienes los pies bien anclados al presente; la realidad se volverá borrosa y una pequeña parte de ti querrá volver atrás y ya no habrá salvación.

Es curioso el poder que tienen algunos desencadenantes. Suena Rozalén con su “Vuelve” y parece que estoy sintiendo cómo me vibra el móvil en un imaginario mensaje, el mismo que he recibido durante tanto tiempo en las mismas ocasiones que casi se había vuelto parte de mi paisaje emocional.

Parece que casi te estoy viendo doblar la esquina de la casa de tus abuelos, el aire despistado y el pelo revuelto. El corazón se me desboca como cada una de las veces que creo atisbar tu reflejo entre la gente, la boca seca y el temblor en los dedos de las manos, todo mi cuerpo reacciona contigo, como la clásica reacción de dos componentes químicos destinados a combinarse…

Lástima que la nuestra sea una combinación demasiado letal para poder sostenerse. Lástima que no eras tu, ni siquiera en mi cabeza sigues siendo, ya solo cabe la imagen que yo guardo de aquello que parecía, pero que no llegó a ser.
Imagen de lisa runnels en Pixabay

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

De tu ventana a la mía

El paisaje sigue siendo el mismo desde la ventana de mi adolescencia. Los amaneceres siguen estando cubiertos por una densa niebla de interior gallega, difícil de disipar ahora que tú no miras el mismo paisaje que yo.

Los atardeceres siempre son mejores, el naranja se fusiona con el violeta e iluminan juntos la ciudad, unidos se funden para alumbrar la oscuridad que precede una nueva mañana nublada.

Un día sí y otro también recorro los adoquines desordenados por los que corrimos noches enteras de verano e invierno, sudando y bebiéndonos los besos en cada pub. Son pocos los que conservan el mismo nombre, aunque en realidad no importa, yo sigo llevando la piel impregnada de aquel olor, almizcle de tabaco y alcohol, de tu colonia mezclada con la mía en el pelo, de la pasión escapándose por cada uno de los poros, de los ojos brillantes reflejados en la mirada del otro, de cada promesa en cada uno de los puentes de la ciudad.

La noche ha alcanzado mi ventana y tengo que encender la luz y apagar la vela de los recuerdos. Afuera, la última línea naranja agoniza en el horizonte, y en el paisaje de tu ventana hace rato que reina la oscuridad.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

De momento

Cuando te conocí ardías en solitario. Largo tiempo ha transcurrido desde entonces, que nos ha permitido tocar el cielo varias veces con ambas manos, a la vez incluso. También nos ha dado tiempo a bajar a las entrañas de la desesperación unas cuantas veces: yo necesitaba más, tu pedías más paciencia. Hemos pasado de ser a convertirnos en un solo independiente.

Hace rato que no se trata de aguantar, de sostener en equilibrio la vela que se va consumiendo cada día un poco más, quemándonos las yemas de los dedos con cada suspiro de aire. Las diez navidades pasadas nos habían prometido a algo mejor, despertarnos con la cara del otro justo al lado opuesto de la almohada, compartir cocina los domingos por las mañanas preparando desayunos de tostadas tardíos.

Nos habían prometido más, nos lo habíamos prometido y no ha podido ser.

De momento.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Arriesgando

Dejar caer la máscara de jugador y mostrar lo que hay debajo es un riesgo que pocos están dispuestos a asumir. Dar el salto de la cama al corazón tampoco es sencillo, supone también una apuesta con demasiadas variables arriesgadas. Una aventura reservada para aquellos funambulistas que aman el subidón de la adrenalina en las entrañas.

A algunos les cuesta comprender la verdad de la entrega real más allá de la unión de dos cuerpos, más allá del orgasmo físico. Son pocos los afortunados que llegan a experimentar el placer del amor junto al orgasmo puro y duro.

Por eso yo te pido muy poco y un mundo a la vez: ábrete el pecho de par en par, déjame tallar una ventana entre tus costillas que me permita ver, que me asegure alcanzar con mis manos ese corazón helado de desilusiones. Deja que sea yo tu deshielo definitivo, la punta del iceberg que te rompe de dentro hacia fuera.

Ven, quédate junto a mí en la estepa definitiva del calor de mi cuerpo junto al tuyo. No puedo prometerte nada, ni siquiera que el sol nos vaya a iluminar para siempre, pero sí vida vivida.

Licencia Creative Commons
CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Flores secas entre páginas olvidadas

Las estanterías destilan polvo abandonado, hace tiempo que nadie acaricia ninguno de los lomos de los libros que con tanto celo y dedicación su dueño fue acumulando.

Como si de un jardín poco cuidado se tratara, algún que otro pétalo seco descansa caído al borde de los estantes, pues entre las hojas ahora olvidadas, un día florecieron flores silvestres que luego languidecían entre páginas forradas de historias de otros países, de otros mundos.

Sus libros eran su vida, sus siete maravillas, su jardín olvidado, su hogar más íntimo. Ahora que ya no está son su legado, un camino de migas literarias que guiarán a su próximo dueño en un viaje que es para toda la vida, un compromiso vinculante que actúa de brújula vital.

¿Aceptas el reto…?

Licencia Creative Commons
CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Solo respirar

Desde aquí puedo ver como respira. Sé lo mucho que le cuesta traspasar el umbral de ese edificio que ve hasta en sueños. Pero lo hace, vuelve a llenarse de oxígeno y avanza, un pie detrás del otro, uno de cada vez.

Solo tiene que respirar y lo sabe, imaginarse como sus pulmones florecen como una primavera anticipada, como de cada alveolo nace una rosa, una margarita o una peonía y expulsar lentamente el dióxido de carbono que su cuerpo rechaza. Así una y otra vez, siendo consciente de cada uno de los movimientos inconscientes que hace su cuerpo para mantenerse con vida.

Amor, lujuria y sexo eran muy fáciles antes, cuando podía respirar. Ahora cada vez que lo intenta, las bocanadas que aspira desordenadamente arrollan las ganas, el deseo y la pasión.

Por eso las flores. Por eso los colores, por eso la alegría, por eso la vida.

La vida, que atrae más vida, solo hay que llamarla con la suficiente insistencia.

Licencia Creative Commons
CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Pesos

Se levantó triste, como cada mañana desde hace un tiempo. Afuera también se presenta un día triste, llorando en gotas lo que ella no puede expresar ni expulsar de su pecho.

Cuando por fin consigue erguirse y vestirse con la coraza que necesita para aguantar otro día ya está cansada, soportar el peso que proporciona sobre sus hombros es la mitad del trabajo del día.

Ojalá algún día libre de pesos autoimpuestos.

Cuenta que…

Me hablan de ti como antes, aunque les pedí que no lo hicieran supongo que no lo pueden evitar, nos siguen asociando como una misma unidad.

Lo que me cuentan no es esperanzador, me dicen que aunque siguen viéndote ya no estás, que ya no eres tú, que se te acabaron las letras y ya no hilas una frase detrás de la siguiente con gracia y estilo. Dicen que te vaciaste demasiado pronto, que se acabaron las noches de poesía recitada entre humo y cervezas antes de que llegaras a triunfar.

Ellos no lo saben, pero no era reconocimiento lo que buscabas, ni los likes en instagram, ni siquiera el éxito editorial. Tú solo querías expresarte, sacar esa oscuridad que te consumía y en la que te empeñabas en revolcarte cada día, a la que te abrazabas como única amante importante de tu vida.

Me cuentan muchas cosas y casi ninguna buena, tantas que resulta difícil escoger cual creer y cual no porque al fin y al cabo esa fue siempre tu esencia, vivir a caballo entre la realidad y la ficción de las cosas.

Tardes de invierno

Las tardes oscuras de invierno se configuran perfectas para escribir. Bajo la tenue iluminación de una vela especial, parece que las letras fluyen directas desde mis entrañas hacia mis dedos, vomitadas directamente sobre la pantalla sin demasiado ton ni son, buscarles el sentido es tarea ardua, siempre relegada.

Afuera llueve y sopla fuerte el aire, las gotas se estrellan contra la cristalera impidiendo que yo escuche ningún otro sonido, pero está bien así. Agradezco el in crescendo del sonido, hace que mis dedos trabajen a la misma velocidad y con la misma ferocidad.

Hace un tiempo tan desagradable como agradable a la vez, todo depende de la luz que lo ilumine. Esta tarde gris y ventosa me trae palabras desencriptadas por una vez, susurradas por musas habitualmente silenciosas, chillonas solo en contadas ocasiones.

La inspiración es un poco como un fuerte golpe de lluvia tormentosa: viene de repente, casi sin que la esperes, puedes pasarte sufriendo la sequía durante semanas o meses y de repente ahí está, agotando todas tus energías hasta que desaparece igual de repentina que cuando llegó.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.