De tu ventana a la mía

El paisaje sigue siendo el mismo desde la ventana de mi adolescencia. Los amaneceres siguen estando cubiertos por una densa niebla de interior gallega, difícil de disipar ahora que tú no miras el mismo paisaje que yo.

Los atardeceres siempre son mejores, el naranja se fusiona con el violeta e iluminan juntos la ciudad, unidos se funden para alumbrar la oscuridad que precede una nueva mañana nublada.

Un día sí y otro también recorro los adoquines desordenados por los que corrimos noches enteras de verano e invierno, sudando y bebiéndonos los besos en cada pub. Son pocos los que conservan el mismo nombre, aunque en realidad no importa, yo sigo llevando la piel impregnada de aquel olor, almizcle de tabaco y alcohol, de tu colonia mezclada con la mía en el pelo, de la pasión escapándose por cada uno de los poros, de los ojos brillantes reflejados en la mirada del otro, de cada promesa en cada uno de los puentes de la ciudad.

La noche ha alcanzado mi ventana y tengo que encender la luz y apagar la vela de los recuerdos. Afuera, la última línea naranja agoniza en el horizonte, y en el paisaje de tu ventana hace rato que reina la oscuridad.

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De momento

Cuando te conocí ardías en solitario. Largo tiempo ha transcurrido desde entonces, que nos ha permitido tocar el cielo varias veces con ambas manos, a la vez incluso. También nos ha dado tiempo a bajar a las entrañas de la desesperación unas cuantas veces: yo necesitaba más, tu pedías más paciencia. Hemos pasado de ser a convertirnos en un solo independiente.

Hace rato que no se trata de aguantar, de sostener en equilibrio la vela que se va consumiendo cada día un poco más, quemándonos las yemas de los dedos con cada suspiro de aire. Las diez navidades pasadas nos habían prometido a algo mejor, despertarnos con la cara del otro justo al lado opuesto de la almohada, compartir cocina los domingos por las mañanas preparando desayunos de tostadas tardíos.

Nos habían prometido más, nos lo habíamos prometido y no ha podido ser.

De momento.

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Arriesgando

Dejar caer la máscara de jugador y mostrar lo que hay debajo es un riesgo que pocos están dispuestos a asumir. Dar el salto de la cama al corazón tampoco es sencillo, supone también una apuesta con demasiadas variables arriesgadas. Una aventura reservada para aquellos funambulistas que aman el subidón de la adrenalina en las entrañas.

A algunos les cuesta comprender la verdad de la entrega real más allá de la unión de dos cuerpos, más allá del orgasmo físico. Son pocos los afortunados que llegan a experimentar el placer del amor junto al orgasmo puro y duro.

Por eso yo te pido muy poco y un mundo a la vez: ábrete el pecho de par en par, déjame tallar una ventana entre tus costillas que me permita ver, que me asegure alcanzar con mis manos ese corazón helado de desilusiones. Deja que sea yo tu deshielo definitivo, la punta del iceberg que te rompe de dentro hacia fuera.

Ven, quédate junto a mí en la estepa definitiva del calor de mi cuerpo junto al tuyo. No puedo prometerte nada, ni siquiera que el sol nos vaya a iluminar para siempre, pero sí vida vivida.

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Flores secas entre páginas olvidadas

Las estanterías destilan polvo abandonado, hace tiempo que nadie acaricia ninguno de los lomos de los libros que con tanto celo y dedicación su dueño fue acumulando.

Como si de un jardín poco cuidado se tratara, algún que otro pétalo seco descansa caído al borde de los estantes, pues entre las hojas ahora olvidadas, un día florecieron flores silvestres que luego languidecían entre páginas forradas de historias de otros países, de otros mundos.

Sus libros eran su vida, sus siete maravillas, su jardín olvidado, su hogar más íntimo. Ahora que ya no está son su legado, un camino de migas literarias que guiarán a su próximo dueño en un viaje que es para toda la vida, un compromiso vinculante que actúa de brújula vital.

¿Aceptas el reto…?

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Solo respirar

Desde aquí puedo ver como respira. Sé lo mucho que le cuesta traspasar el umbral de ese edificio que ve hasta en sueños. Pero lo hace, vuelve a llenarse de oxígeno y avanza, un pie detrás del otro, uno de cada vez.

Solo tiene que respirar y lo sabe, imaginarse como sus pulmones florecen como una primavera anticipada, como de cada alveolo nace una rosa, una margarita o una peonía y expulsar lentamente el dióxido de carbono que su cuerpo rechaza. Así una y otra vez, siendo consciente de cada uno de los movimientos inconscientes que hace su cuerpo para mantenerse con vida.

Amor, lujuria y sexo eran muy fáciles antes, cuando podía respirar. Ahora cada vez que lo intenta, las bocanadas que aspira desordenadamente arrollan las ganas, el deseo y la pasión.

Por eso las flores. Por eso los colores, por eso la alegría, por eso la vida.

La vida, que atrae más vida, solo hay que llamarla con la suficiente insistencia.

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Pesos

Se levantó triste, como cada mañana desde hace un tiempo. Afuera también se presenta un día triste, llorando en gotas lo que ella no puede expresar ni expulsar de su pecho.

Cuando por fin consigue erguirse y vestirse con la coraza que necesita para aguantar otro día ya está cansada, soportar el peso que proporciona sobre sus hombros es la mitad del trabajo del día.

Ojalá algún día libre de pesos autoimpuestos.

Cuenta que…

Me hablan de ti como antes, aunque les pedí que no lo hicieran supongo que no lo pueden evitar, nos siguen asociando como una misma unidad.

Lo que me cuentan no es esperanzador, me dicen que aunque siguen viéndote ya no estás, que ya no eres tú, que se te acabaron las letras y ya no hilas una frase detrás de la siguiente con gracia y estilo. Dicen que te vaciaste demasiado pronto, que se acabaron las noches de poesía recitada entre humo y cervezas antes de que llegaras a triunfar.

Ellos no lo saben, pero no era reconocimiento lo que buscabas, ni los likes en instagram, ni siquiera el éxito editorial. Tú solo querías expresarte, sacar esa oscuridad que te consumía y en la que te empeñabas en revolcarte cada día, a la que te abrazabas como única amante importante de tu vida.

Me cuentan muchas cosas y casi ninguna buena, tantas que resulta difícil escoger cual creer y cual no porque al fin y al cabo esa fue siempre tu esencia, vivir a caballo entre la realidad y la ficción de las cosas.

Tardes de invierno

Las tardes oscuras de invierno se configuran perfectas para escribir. Bajo la tenue iluminación de una vela especial, parece que las letras fluyen directas desde mis entrañas hacia mis dedos, vomitadas directamente sobre la pantalla sin demasiado ton ni son, buscarles el sentido es tarea ardua, siempre relegada.

Afuera llueve y sopla fuerte el aire, las gotas se estrellan contra la cristalera impidiendo que yo escuche ningún otro sonido, pero está bien así. Agradezco el in crescendo del sonido, hace que mis dedos trabajen a la misma velocidad y con la misma ferocidad.

Hace un tiempo tan desagradable como agradable a la vez, todo depende de la luz que lo ilumine. Esta tarde gris y ventosa me trae palabras desencriptadas por una vez, susurradas por musas habitualmente silenciosas, chillonas solo en contadas ocasiones.

La inspiración es un poco como un fuerte golpe de lluvia tormentosa: viene de repente, casi sin que la esperes, puedes pasarte sufriendo la sequía durante semanas o meses y de repente ahí está, agotando todas tus energías hasta que desaparece igual de repentina que cuando llegó.

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Amiga Soledad

Dice Soledad que no es amiga de muchos, pero que los que la conocen suelen quedarse por largo tiempo.

Ellas no eran muy amigas, pero es cierto que no fueron pocas las ocasiones en que la chica recurrió a ella, sobre todo cuando los silencios en casa se hacían imposibles. Había ocasiones en que se podían mascar incluso, de la tensión que emanaba la situación, pues él prefería mantenerse alejado, protegido en un mutismo cargado de resentimiento antes que permitir que las palabras conciliadoras de ella le alcanzaran.

Prefiere callar y llenar de silencios la vida que ella trata de ocupar de ruido y alegría. Son las dos caras de la misma moneda, unidos por un canto cada vez más grueso, que los separa sin dejarlos ir en libertad, amarrándolos en muda unión.

Y ahí es donde Soledad siempre acude presta. La a ella acoge en su seno lleno de matices grises, la envuelve en su isla particular, rodeada de continentes mucho más grandes que ella misma y que parecen imposibles de alcanzar por mucho que se empeñe en nadar. Allí, ella se llena de dudas y se siente mínima, abandonada a su suerte donde nadie más que Soledad la puede ayudar.

Es el comienzo del final.

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Hogar vs Casa

Quiero que sepas que eres mi hogar, que la vela que nos calienta por las noches se alimenta de las brasas que arrastran tus risas y las mías. Que despertarme contigo le da una luz diferente a cualquier día por oscuro que sea.

Me gustaría que supieras muchas cosas, pero aunque parezca mentira después de tantos años, las palabras siguen quedándose atascadas en la garganta en cuanto te veo. Quisiera ser mejor, aprender a volar con mis sentimientos sin miedo a caer contra el asfalto, dejarme llevar y soltarme el pelo en la almohada sin reparos cada noche, sin temer el vacío de la caída.

Dicen que lo importante no es caerte, sino saber levantarte después y contigo he aprendido mucho, tanto que tras cada traspié en el que la vida me pone de rodillas vuelvo siempre a levantarme, con la mirada puesta en el próximo café compartido por la mañana.

Casa es aquí y allá, pero hogar solo es tu espalda contra la mía.

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