Domingos

Los domingos son para desayunar tarde y en la cama, o en la terraza, o en tu cafetería favorita un banquete que te dé fuerzas para el resto de la semana.

Son los días perfectos para un mimo en la ducha, para ser feliz viendo vídeos de gatos en youtube mientras lloras de la risa o enamorarte de ese libro que lleva semanas esperándote en tus estanterías. Son días para uno mismo, tanto en soledad como en compañía, o mi favorita: soledad compartida, cuando estás en completa paz con esa persona sin necesidad de hablar ni de hacer nada más que estar, porque ese mismo hecho resulta placentero.

Saber compartir silencios con la persona elegida es un privilegio que no todos pueden disfrutar. Es entonces, cuando derrotado y exhausto puedes estirar la mano en busca de apoyo, de un asidero que te permita aguantar y volver a ponerte en pie una semana más.

En esos momentos no dudes en buscarme, estaré justo a tu lado para que te aferres fuerte a mi cintura como cuando teníamos quince, para sentir que entierras en mí toda esa desesperación, que vacías la pena y renuevas amor e ilusión.

Para sentir que mi amor te renueva de adentro a fuera como si cada día fuera domingo.

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Recuerdos con sabor – II Aniversario

Esta semana se cumplen dos años del nacimiento de Cafés para el Alma. Gracias por ayudarme a empezar, por mantenerme y por seguir ahí. De mis recuerdos más dulces. Un fuerte beso con sabor a café. Andrea.


Hay días en que es necesario volver la vista atrás y concentrarnos en los buenos recuerdos y tal vez también darle una pensada a los malos.

Todo recuerdo trae aparejado un sabor especial, ya sea dulce o amargo, pero puro en esencia. Algunos son una delicia saborearlos y llevarlos por cada una de las papilas gustativas para apreciarlos mejor, otros nos hacen escupir de rabia y dolor.

Recordar dulce: un paseo por la playa, el sonido de tu risa, un abrazo bien apretado, la comida de la abuela, un café después de comer, los desayunos de los domingos, las sábanas enredadas, las siestas eternas, un beso en la frente, el olor a hogar, las luces de la ciudad cuando llueve…

Recordar amargo: las despedidas inesperadas, los besos no correspondidos, las cartas sin respuesta, un corazón roto, la pérdida, engaño y desengaño, la mentira, la sensación de soledad…

Y qué bonito cuando eliges que se te ocurran más cosas dulces que amargas.

Ojalá siempre días melancólicos con un dulce sabor.

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Hogar

Nuestra cama es mi hogar, ese lugar único e inaccesible donde puedo ser yo misma sin descafeinar.

Las sábanas enredadas entre las piernas, arrugadas en aquellos lugares donde necesito aferrarme cada noche contigo, hablan de ti y de mí, de cuando hacemos el amor y hasta de cuando perdemos un poco la razón.

Cuentan historias de placenteros ojos en blanco, de gemidos a media voz y jadeos a media tarde, de besos secretos y palabras prohibidas. Te pueden contar cuantas tarde de lluvia nos pasamos compitiendo con el soniquete de las gotas contra la ventana, tantas, que todavía saben a poco. También pueden dar razón de los para siempre, de las muchas despedidas, como siempre entre tú y yo, pero también de los reencuentros por todo lo alto.

Pueden decir eso y mucho más porque nuestra cama es hogar y tu pecho mi parapeto.

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Sangra una vez al mes

Ella es un poco gris en su día a día. Suele limpiarse las lágrimas con sonrisas deslavazadas, llena de premura. Pero es que es así, no lo sabe evitar, y en el fondo tampoco quiere.

A su manera melancólica y romántica se acompaña la vida de soledades no compartidas.  Los cafés a medias nunca han sido sus preferidos, mejor en solitario, templados y viendo llover sobre la ciudad.

Siempre deja los recuerdos reposando y las heridas bien abiertas, sin necesidad de sanar porque todo lo quiere sentir bien, hasta que duela lo suficiente para poder dejarlo marchar.

Sangra cada mes, no solo entre las piernas, sino también por los ojos cuando se le llenan de sombras sin reclamar. Una vez al mes se queda en carne viva, expuesta con sus emociones marcadas a fuego en la cara.

Pero sigue, como seguimos todas.

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Está dentro de ti

Solo te podía ver en la distancia y a veces ni siquiera te distinguía de la marejada de fondo que siempre te acompañaba.

Eras imposible de abordar, rodeada por el nutrido grupo de satélites que formaban tu coraza.

Vivías en una burbuja, brillante y atractiva en su exterior, imposible de ignorar la magia que te envolvía.

Salvo cuando alzas el velo protector, entonces las imperfecciones te vuelven humana y real, imperfectamente perfecta en un mundo donde sobran Barbies de plástico.

Déjate caer y vencer, lucha y vuélvete a erguir.

Está dentro de ti, esperando que te atrevas a continuar: ella, de la que me enamoré cuando solo eras tú.

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Retazos pasionales

Es como cuando ves a alguien besarse de verdad, con ganas, hasta casi comerse en la boca del otro.

Tienen tanta prisa y ansia que se entrelazan fuerte, lengua con legua, bebiéndose el alma por la boca.

Ellos eran de ese tipo, de los impacientes, de los que se aman tan rápido como fuerte. Sin medida.

La pasión los arrasó sin piedad, despojándolos de toda vanidad.

De jovencitos eran imparables: una fuerza de la naturaleza combinada.

Hoy son la pareja que pasea cogida con la misma fuerza de antaño por el parque, sin soltarse nunca las manos.

La memoria a ella la abandonó, pero el la conserva por los dos.

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Para ti de mí

Por el ventanal se cuela una leve brisa helada.

La música suave suena desde el mini altavoz de viaje que siempre nos acompaña.

Afuera hiela y hasta nieva, pero aquí dentro el sol late entre nosotros.

Frente al ventanal damos vueltas al ritmo de nuestra música. Tú me susurras al oído cada letra de la canción, como si hubiera sido escrita para mí de ti.

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Desde mi lado de la cama

Te observo desde mi lado de la cama, a veces tan lejos de ti que asemeja un abismo entre los dos. Pero no esta madrugada, hoy con solo inspirar te metes dentro de mi hasta por la nariz.

Te miro y vuelvo a mirar a cada minuto, no estoy muy seguro de que si cerrara un rato los ojos te fuera a encontrar al abrirlos. Te veo a ti y me fijo en la depresión que forma tu cadera con tu pierna eterna.

No puedo evitarlo y tengo que acercarme y cubrir ese hueco desnudo con una caricia primero, luego con un suave mordisco que me permita saborearte un poco más.

Te siento sonreír por como tensas la piel, aún sin despertar del todo, todavía en tus sueños pero tan feliz.

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Despertar

Veo nuestras fotografías en la pared y parecemos felices. Nos asemejamos a una de esas parejas que duermen uno encima del otro toda la noche, sin separarse siquiera por la fina tela de la sábana.

Sin embargo ya no puedo contar el número de veces que ha sonado el despertador de tu lado de la cama sin que lo apagaras de un manotazo. Seguramente muchas más de las que me hubiese gustado.

No estás.

No estás ni siquiera para disculparte por no estar, algo muy tuyo eso.

Mañana será otra mañana como hoy, pero el despertador por fin sonará en el olvido.

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Espejito

Ojalá te vieras como te veo yo.

Ojalá un espejo mágico en mis ojos para reflejar toda tu belleza, todo ella, no solo la evidencia de tus curvas elegantes. Sobre todo la rotundidad de tu mente, lo afilado de tu pensamiento, la pureza de tu ser.

Ojalá un osasis con un espejismo que te mostrara desde fuera, sin los engaños de los velos de tu mente.

Ojalá tú y yo siempre, desnudos frente al espejo. Tú queriendo huir, sin querer ver ni mostrar. Yo rogándote que te rindas a la evidencia de tu belleza.

Ojalá te quisieras como te quiero yo.

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