Nacional X

Las lentejuelas le brillan en la falda y en el escote, día y noche todos los días de la semana, como el cartel de neón que anuncia sus servicios en la carretera nacional dirección a Madrid. Se supone que debe brillar con luz propia en cada momento de su nueva existencia, dispuesta y con buena voluntad.

La pintura desvaída en la cara emborrona sus rasgos ahora apenas irreconocibles en el espejo.

Las medias rasgadas, los tacones ajados.

En realidad no importa mientras puedan seguir explotándola.

Licencia Creative Commons
CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Anuncios

Dejarse llevar

En medio de una habitación a media luz se balancean al ritmo que marca la música de su juventud. Después de una vida juntos, él se desliza con la misma poca gracia que antaño, esquivando cuando puede los pies de su compañera, ahogando un silencioso suspiro de satisfacción un día más.

Son más de cuarenta años de recuerdos  perdidos entre las partículas del polvo que se balancean despacio, con el ritmo cambiado. Igual que ellos, que giran a su antojo cuando el tempo deja de contar y solo importa alcanzar el final de otra canción en los brazos del otro.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Corazón de chocolate

Una dura capa de chocolate negro recubre ese oculto corazón de fondant de miradas indiscretas. Eres como esa balada de rock: dura y llena de aristas por fuera, pero también dulce en los bajos de tu carácter.

Que aunque te hagas la dura, conmigo no puedes. Que a pesar de tus rechazos, los besos contigo saben mejor, incluso los que tienen sabor a humo después de un cigarro a medias entre las arrugas de la cama.

Porque aparentas ser solo fachada, cuando en tu interior guardas la ciudad dorada. Déjate compartirla siendo amada.

Derrite y endulza ese amargo corazón.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Deseos sin piedad

Que baje la marea del mundo y me arrastre entre sus olas, ahogándome y cegándome con la sal en profundo del alma.

Que suba de repente la pleamar y me lleve con ella y me estrelle con fuerza contra las rocas de los escarpados acantilados da Costa da Morte.

Que llegue la noche y se fundan las estrellas en el horizonte todavía pintado del color de la sangre, y bajo su manto me lleven las meigas a su guarida de olvido y perdición.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

La chica de la parada del bus

La chica de la parada del bus, esa que veo todos los días con sus auriculares incrustados en las orejas escuchando lo que debe ser la banda sonora de su vida, es la misma que no puedo arrancarme de la retina en todo el día. Miro sin ver en realidad, a través del holograma que forma su figura en el interior de mis ojos…

Cada mañana me pregunto cómo será esa música que suena solo dentro de su cabeza, pues no tiene aspecto de compartir mi gusto musical… Quizás sean las canciones de La La Land en modo bucle, desde luego harían juego con su impecable pelo liso y sus manoletinas doradas.

Con presunta música de musical y todo, desde mi posición al otro lado de la marquesina no puedo levantar el ojo de ella cada día mientras esperamos la línea siete para cruzar al otro lado de la ciudad. No podría ser más diferente a mí y a mi alma de viejo rockero de los 90 que me impide acercarme y tratar de hablar con ella.

— Nena por Dios, sácale volumen a ese tormento que escuchas, ¡te vas a quedar sorda! — la reprende previo codazo esta mañana la señora que está sentada a su lado.

— Señora, como me voy a quedar sorda con Guns N’ Roses!!!!

Apariencias de esas que nunca son lo que parecen, o casi nunca…

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Peleas callejeras

Regresa ensangrentado y dolorido, pero con aires ufanos y y mirar orgulloso.

En todas las noches calurosas de verano sucede lo mismo: los derrapes por encima de los tejados de uralita de la vieja cristalería se cuelan por mi ventana abierta de par en par mientras trato de aspirar una bocanada de aire fresco.

Es como observar uno de esos teasers  de las películas de acción donde todo pasa de repente y a toda velocidad, solo que sin los muertos. Incluso el final se asemeja: cuando el protagonista sale en primer plano iluminado por toda la explosión que tiene lugar detrás de él y la cara cubierta de sangre. Solo que en este caso no hay explosión, sino la carrera desesperada del otro contendiente por huir del descampado.

En nuestro caso la sangre es real, tanto que continúa el paseo de la gloria sacudiendo la cabeza para apartarla de su aguda mirada que no ceja en buscar a su próximo enemigo…

Seguramente lo encontrará pronto, ya se sabe que las peleas gatunas se suceden  unas tras otras entre terribles maullidos.

Licencia Creative Commons
Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

Vida marinera

IMG_20170529_142959.jpg

De lunes a domingo, el trabajo marinero no duerme. Desde siempre, el mar reclama para sí tu vida y la de tu familia, manteniendo penosamente a flotae la maltrecha economía familiar siempre a expensas de sus cambios de humor y de su cómplice climatológico.

Y es que ya se sabe que se dice: el mar aprieta pero no ahoga, salvo cuando te traga para siempre.

 Licencia Creative Commons

Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.