Reflexiones

“Casa de las lamentaciones, exponga su queja.” House
Soy la chica de las decepciones, me gusta verme así, de este modo ya nada puede sorprenderme, no me considero ni especial ni más sufridora que el resto, pero escribo sobre lo que conozco y de decepciones sé un poco.

En ocasiones miras a tu alrededor  y ya nada tiene un significado. Hubo un antes en el que cada farola, cada árbol, una plaza, un parque, una esquina… Tenían algo especial, significaban algo más para ti y era imposible pasar por allí sin que los recuerdos, buenos y malos, borbotearan por tu cabecita. Pero los ahora son más complicados de entender y sobre todo de sentir.

Los cambios no son fáciles de aceptar, incluso cuando son paulatinos y son el parte del devenir vital, y la mayoría de nosotros tenemos un Peter Pan interior que nos ruega que no le dejemos ir. Y no debemos hacerlo, ese niño/a interior es la mejor tabla de salvación de la humanidad en este mundo deshumanizado.

 

 

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Cambios de vida

"La gente no cambia, solo encuentra nuevas formas de mentir". House

Los cambios se suceden a nuestro alrededor continuamente… Lo que hoy está de moda, el mes que viene estará completamente out, o como se diga para que suene guay.

Tenemos a nuestro alrededor amigas, conocidos y familiares que mutan sin que te llegues a enterar, hasta que te enteras y ya no te enteras de nada, porque todo y todos mienten, se disfrazan y encubren, se mienten a si mismos asegurándose de creerse ellos mismos la historieta que se cuentan. El cinismo que se desprende de estas actuaciones es tan banal como la persona misma que las comete, sin más  finalidad que engañarse.

Nos cuesta, y nos cuesta mucho, aceptar casi cualquier cambio, incluso aquellos que quizás nos convengan, aunque si lo piensas tranquilamente vas a darte cuenta de que no siempre haces lo mejor para ti, y eso está bien. Tomar las decisiones equivocadas, arriesgarte y perder una vez y dos y tres. Nadie debería ser capaz de meterse en ti y tomar por ti ninguna decisión porque cambiar es crecer pero ello no implica perderse de vista a uno mismo.

A veces es indispensable permitirse a uno mismo la libertad necesaria para desviar el camino escogido y ser más feliz,como si cogiéramos una nacional con curvas entretenidas y paisajes inolvidables en lugar de una miserable y fácil autopista.

 

Caras entre la multitud.

Noches de verano que se recortan brillantes en las noches de verbena. El cielo se come la naranja madura que es el sol mientras la luna se prepara para lucir una noche más en lo salto del firmamento.
 
Noches perfectas de terraza, de perfecta compañía.
 
Mamás y papás que llevan a los niños, unos más grandes y otros más pequeños, a los caballitos, o a las atracciones; adolescentes que salen en busca de su primer beso o del primer amor, quizás ya el segundo; mayores que no pierden tiempo en ir a bailar pasodobles y valses terriblemente interpretados. Pero da igual.
 
Todo va bien. Todo es como debería. Es la vuelta a casa. Hasta que deja de serlo.
 
Una cara conocida entre la excitada multitud puede significar cosas diferentes, desde un rápido saludo a un conocido, hasta un emotivo abrazo con un amigo olvidado que también ha vuelto momentáneamente a casa unos días de verano. Es lo que tienen las fiestas de barrio. 
Hasta que aparece alguien que no debe verte, que no debes ver. Pero sin embargo no puedes dejar de mirar, de observar como House tenía razón, 
“People never change”. La gente nunca cambia.
Solo hace falta mirar, observar y ver como puede hacer años que no sabes nada de alguien que conocías a la perfección y sin embargo sigues sabiéndolo todo. Se necesita muy poco, un gesto, una mirada o una palabra, en el fondo no podemos evitarlo.  Solo hace falta saber que buscar para ver que por mucho que se intente cambiar, y de hecho se pueda conseguir, parte de nosotros sigue siendo la de siempre.
 
Porque hay errores que no podemos evitar cometer, una, dos o mil veces y por mucho que lo neguemos, si miramos desde lejos, son escandalosamente evidentes.