Monólogo interior

La cama me resulta incómoda, demasiadas horas en ella ya. Y sin dormir aún encima, dándole vueltas a la cabeza sin parar y sin sacar nada en claro. Odio tomar decisiones de este tipo, estas cosas no debieran tener que decidirse… con que pasasen sin más sería suficiente. Pero no. Hay que escoger una opción sí o sí.

Ojalá supiera qué es lo que realmente siento, así también sería más fácil claro. No se. Ella es así de esa manera indescriptible y lo que me hace sentir es todavía más indescriptible que ella misma. Son sus manos, finas y elegantes, las pienso y las siento, todo junto y sin pausa. No sé bien nada, pero sí sé que con ella soy más yo que con nadie, aunque tampoco estoy segura de en qué momento cruzamos la barrera de la amistada para pasar a esto que es algo más pero que yo por lo menos no tengo idea de qué es.

Por otro lado lo tengo a él, que siempre ha estado conmigo desde niños. ¿Cómo le voy a decir que de repente tengo dudas de lo que siento?!! Después de tanto años… Alina hija donde te estás metiendo por la diosa… ¿Pero que voy a hacer? ¿Ignorarme a mí misma? Me parece que no. Pero entonces que decido. No sé.

¿¿!¿!¿!Por qué tenemos que decidirlo todo!?!?!?!

Mira, da igual, vamos a tratar de dormir, total… tampoco es como que vaya a solucionar nada. 🙄

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Diálogos – Revueltos

– A veces me abruma demasiado.

– ¿El qué? ¿Quererme? !Cómo te vas a abrumar por eso, si es algo bueno!

– No he dicho que fuera algo malo, pero es que tu sientes despacito, pausado, casi saboreándolo… Yo en cambio tengo todos estos sentimientos dentro de mí: gritando, dando patadas y desesperando por estar junto a ti y hay días en es complicado controlarlos…

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Besos incomprensibles

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– Es que no se qué significa esto.

– ¿Esto? ¿Un beso, no sabes qué significa que te haya besado?

– Pues no, de lo contrario no estaría pareciendo imbécil preguntándolo.

– Es una pregunta sin sentido…

En respuesta solo es capaz de echar la cabeza hacia atrás y suspirar con frustración mientras rueda los ojos hacia el interior de las cabidades oculares.

– Está bien… Te responderé algo que comprendas – y sonriendo con cierta picardía contesta – no todo lo tienes que entender…

Y vuelven a unirse en un nuevo beso continuado.

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Diálogos inocentes, o no

-Es que le pegas como una chica…-dijo su hermano mayor torciendo el morro.

-Es que soy una chica, ¿de qué otra manera voy a pegarle? -respondió la pequeña frunciendo el ceño sin comprender lo que le decía.

 

Mantener esa pura inocencia de lo que es obvio en el mundo de los pequeños parece cada vez más utópico.

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Heroína

– ¿Quieres una?- preguntó mientras abría la segunda lata te cerveza desde que se había subido al bus.

– No, ya lo he dejado.

– ¿En serio? Yo no puedo, estoy muy agobiado, y me ayuda con todo el rollo que tengo en la cabeza… No se si me entiendes…

– Sí, claro, haces bien.

– Y… ¿a ella también la has dejado? ¿También has podido?- vuelve a inquerir saboreando el último trago de cerveza, ya con los ojos cerrados y la cabeza reposando en el respaldo del asiento.

– No.

En la cara del otro asoma una sonrisa de satisfacción, de no saberse solo, de aceptación. Y comienza a reírse, con esa risa nerviosa que provoca incomodidad a su paso y arrasa con las conversaciones convirtiéndolas en silencios.

– No todos podemos ser héroes ¿verdad?, ella se basta y se sobra para mantenernos y manejarnos a todos…

Hay amargura en esas últimas palabras que terminan con la charla, pero sobre todo hay una sorda resignación de vida. Lo que él no sabe es que los verdaderos héroes fracasan y vuelven a fracasar, hasta que lo consiguen y le quitan los poderes de heroína a cualquier sustancia rompiendo para siempre las cadenas que los retenían.

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Diálogos bonitos

– Me miras con unos ojitos…

– ¿Cómo? ¿Con que ojos te miro?- le preguntó con sorpresa.

– Así como enamorado…- contestó con las mejillas encendidas.

Sonríen a la vez mientras se buscan con la mirada, preparados para perderse mutuamente en los ojos del otro.


A veces la mirada traspasa el alma.

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Diálogos bonitos

– ¿En que piensas?- le pregunta mirándole entre entre las pestañas.

– En nada- responde su pareja con la mirada  fija en el techo.

– No se puede no pensar en nada…- responde a media voz y la sombra de una sonrisa en la boca.

– La  nada puede ser el todo si es a tu lado…

O quizás sí se pueda…

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