Cuervo guardián

Colaboración mensual con Letras & Poesia


El cuervo cambia de rama de nuevo, vigila de a pocos la puerta de la casa blanca, saltito a saltito, de rama en rama.

Dicen que encontrar un cuervo solo es señal de mal agüero, algo así como tropezarse con un gato negro en un martes y trece, pero peor porque no estamos hablando de un año de mala suerte, sino de un augurio de muerte y desolación.

Él continúa ajeno al mundo, saltando y sin quitarle un ojo u otro a la puerta donde espera por la que ella salga. Aunque ella todavía no lo sepa, él está allí para protegerla, por lo menos hasta que pueda defenderse por sí misma. La sigue de cerca, volando a cierta distancia, manteniéndose al margen para no levantar ninguna sospecha hasta que llegue el momento adecuado…

Ella se dirige  a la boca del metro, o a la del lobo, según como se veo… Va de camino a casa de su pareja, para intentar arreglarlo una vez más. Sigue sin tener claro qué decir ni mucho menos como, en vista de como se toma él cada palabra que sale de su boca. Pero está decidida, llegará y no dejará que le interrumpa ni una sola vez, le pondrá voz a cada una de sus frustraciones.

Lo que ella no sabe es con lo que se va a encontrar una vez allí y es que la muerte la espera agazapada tras los ojos de él… Es entonces cuando el cuervo abandona los saltitos y se decide a atacar, comienza por los ojos para no detenerse hasta el final.


Ojalá todas tuviéramos un cuervo guardián.

Ojalá llegue el día en que el 8 de marzo carezca de sentido.

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Concierto privado

La música suena de fondo, la misma que el verano pasado vivimos saltando como dos locos enamorados en los conciertos. Hoy sin embargo, suena más suave y acústica para que puedas tocarme al ritmo sin perder un solo compás.

Me tienes sentada sobre tus rodillas, agarrada como si fuera esa guitarra española que sé, te hubiera encantado aprender a tocar. Mi cuerpo hace las veces de ese sueño incumplido, supliendo la aspereza de las cuerdas, con la suavidad de mis curvas bajo tus dedos.

Rozas despacio mi piel, con la palma de la mano, procurando arrancarme el sonido de lo más hondo de la garganta, raspado los recuerdos de casi una vida de mutua compañía, de locuras y aventuras, de tonterías.

Somos distintas caras de la misma manera, indivisibles en su conjunto, unidas en su futuro.

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La ira de Dionisio

Colaboración en Letras y Poesía


El vino en su aliento vuelve a hacerse presente, como cada domingo de resaca. Cada ronquido expirado en su dirección hace que abandone la idea prematura de cualquier posibilidad de desayuno, otra vez.

Hace más de dos años que no puede ni siquiera usar su rouge de labios favorito: le recuerda demasiado al color del vino tinto ligeramente agitado en una copa turbia de maldad que emana del que fuera su compañero. Fuera en pasado, pues con la afición al placer de Dionisio se inauguró una perenne vendimia donde la recogida no era la uva, sino la dignidad que ambos pierden tras cada borrachera en el fondo de cada cartón vacío: él tras cada nuevo embate, ella con cada nuevo moretón.

Y siempre se vuelve hacia ella. De repente la nota, como si la viera por vez primera desde el viernes noche, la ve y la ira cobra vida en las vidrieras transparentes de sus ojos. Se descarga contra su cara, contra sus costillas, contra su pelo… una y otra vez hasta que está demasiado cansado para continuar y necesita una copa (cartón en realidad) más.

Ella espera paciente encogida sobre sí misma en la baldosa, sabe que siempre pasa. Suele quedarse sin fuerzas tras los cuatro primeros cuatro golpes bien asestados, directos al cuerpo, corazón, alma y dignidad, ya se ocupará más tarde ella misma de recogerse en pedazos y volver a construirse.

Hasta la próxima, porque detrás de la primera bofetada  siempre hay más.

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Ya (no) es tu día

Colaboración quincenal para Letras & Poesía


Hoy es uno de tus días, uno de esos en los que siempre nos encontrábamos en el punto cero, donde todo comenzó, sobre los adoquines de las calles que nos vieron tropezar y caer mientras crecimos.

Yo tenía demasiados pocos años y tu alguno más. Tú te acordabas de mí, de cuando todavía no sabíamos contar, pero hiciste como que no, igual que yo. Parecía más fácil así. Cruel el destino cuando te presenta delante lo que siempre has sabido que no, pero te empuja a intentar que sí.

Pero como te decía, hoy es uno de tus días, solo que ya no lo es, pero porque yo no quiero, porque ya no puedo quererlo. A pesar de ello, tus canciones siguen ahí, en la carpeta de los por si acaso, junto con las cartas que se acumulan y me colapsan el disco duro de recuerdos y sentimientos que ocupan demasiado para ser enviados por correo electrónico o postal.

Sigue siendo tu día, aunque en realidad, ya no lo sea. Es seguro que hoy nos vamos a cruzar: tu de camino a tu casa en la misma desvencijada bicicleta que tenías hace diez años y yo de camino a la mía, rodeados de gente a cada paso. Pero habrá un momento en que mis ojos se pegarán a los tuyos, fuerte, como cuando te miraba turbia desde abajo y tu respondías desde arriba.

Solo será un segundo porque a pesar de que es tu día, en realidad ya no lo es.

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Danza en la tormenta (Colaboración para L&P)

Colaboración quincenal para Letras & Poesía, para quien se lo haya perdido.


Florecía cada noche bajo su boca, abierta en canal hasta el alma y un poco más abajo. Vulnerable y despojada de toda piel.

Su cadera en unión perfecta y en línea continua con la de él, como cielo y mar en el horizonte, inseparables a pesar de las tormentas de verano que oscurecen al primero y encabritan al segundo. Se fusionan una y otra vez en un baile sin final, dependientes ambos para tocar el cielo y bajar a lo profundo del mar.

Cada vaivén de ambos provoca el estallido de la noche abierta y estrellada ante sus ojos. Porque entre ambos nace vida, crean y destruyen, todo a la vez, sin orden ni concierto. Recorren un camino de ida del que no podrán volver si no es con el alma en llamas y el corazón en las manos.

Pero su tiempo es limitado. Conservarán en la memoria demasiados pocos amaneceres enrollados en el otro, buscando aquello que tienen delante, ciegos a lo que se evaporó en la humedad de la noche.

Como se les disipó el amor sin enterarse.

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La soledad de las letras (Colaboración para L&P)

Colaboración quincenal para Letras & Poesía, para quien se lo haya perdido. L&P


“Estando sola en este gran mundo, no lo estoy del todo” Emily Dickinson.

Desde pequeña he sentido fascinación por la soledad, pero no cualquier tipo de soledad sino aquella reservada para los enamorados de las letras. Como Emily Dickinson en realidad nunca estaba, ni estoy, sola: los libros y la escritura son compañeros de viaje cuando se trata de vivir.

Entre las páginas de los libros aprendí cosas que nadie antes me había enseñado: terminé de entender en qué consistía exactamente el sexo cuando era pequeña y descubrí mundos que, aunque imaginarios, me hicieron pasear por la Tierra Media y creer en que la magia, a fuerza de creer en ella, tiene que existir de verdad. Comprendí que mientras un libro caiga en tus manos, mientras puedas inventar una historia, no estarás solo.

Y es que la soledad del lector es la misma que la que tiene que experimentar el escritor para que su inspiración tome forma material y salga a través de sus dedos. Es un proceso solitario en el que aunque se esté escribiendo en la mitad de una estación de tren, en realidad te rodea una isla de soledad. Una soledad únicamente compartida con las historias que bullen en tu cabeza.

El olor del verano hace que sea inevitable recordar aquellos veranos pasados en la terraza de mi abuela, pasando de un libro a otro sin apenas darme cuenta, llenando página tras página de cuadernos con letras que nunca verán la luz porque no eran lo suficientemente buenos, porque todavía no lo son.

Dicen que gran parte de lo que somos surge en la adolescencia… La mía discurrió entre libros y letras de prueba, acompañada de personajes con los que compartí sus vidas y la mía, que me inspiraron para escribir, pero también para vivir.

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Color Libertad

Colaboración para Letras & Poesía, para quien se lo haya perdido.

Color Libertad


Caen ya las últimas gotas del cielo, pesadas y perezosas como las lágrimas que ruedan por la cara de los niños cuando en realidad no quieren llorar. Ya no llueve, pero todavía se siente en el ambiente la frescura de las últimas gotas que se confabulan para hacer salir de su escondite al escurridizo arco iris.

Cuando por fin se digne en aparecer, solo lucirá en el firmamento unos preciosos instantes: no los malgastes, hazlo sin dudar, lánzate a la aventura y halla donde se resguarda de las miradas indiscretas ese puñado de colores que resulta tan mágico.

Sal y vuela. Extiende tus relucientes alas de colores con orgullo y no te detengas ante esos que te dicen que no puedes hacerlo. El mundo no te conoce tan bien como yo, no ha visto a quien guardas en tu interior. No se merece tu atención.

Píntate el alma de color libertad, pues nadie debe estar encerrado en una cárcel  interior, prisionero de sus miedos y de los impuestos por una sociedad demasiado gris para la diversidad de tonalidades que somos cada ser vivo. Vive la libertad que todos nos debemos a uno mismo y vuela con altura, sin ninguna cuerda que te ate a ningún pasado que sin duda no fue mejor que el futuro que tienes delante de ti.

No te impongas barreras que no puedas saltar, ni obstáculos que sean imposibles de rodear. Ponte por meta el cielo: allá donde solo los sueños y Peter Pan pueden llegar. Cuando por fin lo consigas: nunca mires atrás.

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Apuesta por tu elección

Colaboración para Letras & Poesía, para quien se lo haya perdido.

Apuesta por tu elección


La brisa fresca de la mañana ondula tu cuerpo a su paso, provocando que tu piel se erice al contacto. Al mismo tiempo, ondula la cortina juguetona, meciendo entre sus pliegues brillantes motas de polvo. Dos efectos diferentes provocados por el mismo estímulo.

Desde mi posición en el marco de la puerta te percibo como si todavía estuviera tumbada a tu lado, respirando tu respiración al compás que dictas con el pecho. Incluso desde aquí la distancia es mínima, si lo intento puedo tocar una de tus piernas y sentir en la palma de mi mano esa piel de gallina que puedo provocarte con leve soplido. Esa es la realidad física: hoy continúas siendo tangible.

Pero la realidad del mundo me cuenta una historia diferente. Una historia donde tú ya no estás desnuda en nuestra cama, cubierta por nada más que una ligera sábana, sino que estás ante mí, alejándote a cara descubierta y con el pelo suelto, retándome en silencio a cuestionar tu decisión.

Mi elección es otra, más honesta y sincera que la tuya tal vez, aunque ambas válidas. Yo apuesto por despertar cada mañana como hoy, sin nada más que me cubra que tu cuerpo.

Quédate y apuesta conmigo.

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Amar es como volar

Amar es como volar en Letras & Poesía


Los seres humanos somos seres racionales, tratamos a todas horas de buscar explicaciones a los fenómenos que tienen lugar a medida que nos vamos desarrollando. Sin embargo, en muchas ocasiones no somos conscientes de que no todas las cosas tienen su explicación racional por mucho que nos empeñemos, y mira que hay veces que pugnamos incluso por racionalizar el querer.

Pero el amor tiene mucha más altura de miras que nuestra pobre visión humana. Y es que amar es dejarse ir temiendo caer mientras se confía en esas alas que bates con desesperación, las mismas que son deudoras de la confianza que te merece el sujeto de tu amor.

El querer también es confiar que puedes ser feliz, que el amor no tiene que doler siempre y que puede curar las heridas, incluso las que creías ya cicatrizadas.

Al amar se aprende a alzar el vuelo confiando en tu propia valía, procurando dejar atrás la necesidad de no equivocarte nunca, abandonando el desear ser perfecto sin atender a la belleza de la imperfección, a la pureza de vivir en la cuerda floja emocional.

En ningún momento vital se es tan fuerte y débil a la vez, ni se está tan expuesto y a la vez tan protegido. En ningún otro instante estarás tan convencido ni más perdido en tu vida. Cuando te toca enamorarte descubres a alguien con quien convivías en tu interior, pero que todavía no habías descubierto, hasta que te entregas a otra persona sin reservas. Es en ese preciso instante cuando dejas el singular para pasar a un plural que te completa sin anularte.

Cuando la fortuna de la ruleta gira a tu favor, aprovéchala: alimenta esa llama incipiente que comienza a tomar cuerpo y conviértela en un fuego inextinguible entre vosotros, porque la vida es demasiado fugaz para vivir a medio gas. Es necesario hacer que cada día cuente un poco más que el anterior, sin arrepentimientos y sin certezas banales.

Vivir es amar, y amar es volar.

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