Echar a volar

Colaboración con Letras & Poesía que podéis ver aquí


Me gusta la playa con la marea baja, pasear de punta a punta y aventurarme con los pies desnudos entre las pequeñas olas que vienen a morir a la orilla, sobre todo en otoño y primavera. Es entonces cuando la soledad de la playa te permite sentirte de verdad, cuando el sonido del mar viene a ensordecer todos esos pensamientos negativos que te gritan que no eres suficiente, que no puedes, que no vas a llegar. Basta.

Me encanta el tacto de la arena en los pies, enterrarlos y sentir la humedad entre los dedos bien estirados. Es como sentir el frío dentro de mí, buscar una anestesia natural, un entumecimiento que comience en los pies y continúe escalando todo mi cuerpo echando raíces, hasta que me paralice, que me permita no volver a sentir.

Los primeros rayos del amanecer están entre mis favoritos, los que se reflejan sobre las bateas de la ría de Vigo cada mañana, bajo la sombra de las alas de una gaviota madrugadora y todavía silenciosa. Al grito de “tierra a la vista”, trato de meter todos mis miedos en un cajón y enterrarlos bien profundos, donde ya no pueda llegar a ellos, donde no me vuelvan a molestar.

Todo ello bulle en mi mente, las sensaciones, los olores, mi vida vivida entre lo conocido mientras el tren se arrastra despacio como una oruga testaruda a lo largo de la accidentada orografía, alejándome poco a poco de mi lugar en el mundo. Cuando quiero darme cuenta, los valles verdes y las montañas, son reemplazados por campos que se extienden amarillos allá donde alcanza la vista. La tierra cambia al rojo desértico de las ventas deshabitadas, y los girasoles vuelven sus caras al verme pasar.

Los nuevos comienzos siempre dejan atrás algún final… yo siempre echaré la vista atrás, buscándote en el retrovisor.

 

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El tinnitus de mi cabeza

A veces necesito parar, cerrar los ojos, relajar los hombros y desarrugar el perenne entrecejo que preside mi frente desde que puedo recordar. Pero la necesidad de parar siempre va acompañada de ese pitido constante que me persigue inexorable cada día, ese tinnitus incesante que ensordece el mundo a mi alrededor.

 No es fácil convivir contigo misma cuando tu cabeza está llena de ideas y de pensamientos que no te dejan desconectar y descansar. Ni que decir tiene que hay días en los que daría todo porque parase, para dejar de sentir esa familiar presión en las sienes y sobre el ojo derecho…

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Un nuevo otoño acompaña la melancolía de estas palabras que pronto pasarán, sustituidas otra vez por mi intento diario de vencerme un día más.

Y que aún seas capaz

Y que aún sepas leerme en la distancia, como quien adivina de casualidad la fonética de una palabra desconocida en labios ajenos.

Y que todavía seas capaz de sentirme en las canciones que la radio conspira para hacerme entrar por tu canal auditivo, igual que el lejano sonido de aquellas risas ahorradas, sustituidas por lágrimas despeñadas desde la más álgida aflicción.

Y que sigas pudiendo saborearme y olerme entre las sábanas abandonadas en el cesto de la ropa sucia que impregna todo de mí. Igual que el olor de la hierba mojada que entra por tus poros cada vez que sientes llover en el desierto de tu actual realidad.

Y que continúes reconociéndote en estas líneas que no deberían ser para ti.

Eso sí que no tiene nombre.

Reflexiones

“Casa de las lamentaciones, exponga su queja.” House
Soy la chica de las decepciones, me gusta verme así, de este modo ya nada puede sorprenderme, no me considero ni especial ni más sufridora que el resto, pero escribo sobre lo que conozco y de decepciones sé un poco.

En ocasiones miras a tu alrededor  y ya nada tiene un significado. Hubo un antes en el que cada farola, cada árbol, una plaza, un parque, una esquina… Tenían algo especial, significaban algo más para ti y era imposible pasar por allí sin que los recuerdos, buenos y malos, borbotearan por tu cabecita. Pero los ahora son más complicados de entender y sobre todo de sentir.

Los cambios no son fáciles de aceptar, incluso cuando son paulatinos y son el parte del devenir vital, y la mayoría de nosotros tenemos un Peter Pan interior que nos ruega que no le dejemos ir. Y no debemos hacerlo, ese niño/a interior es la mejor tabla de salvación de la humanidad en este mundo deshumanizado.

 

 

Cambios de vida

"La gente no cambia, solo encuentra nuevas formas de mentir". House

Los cambios se suceden a nuestro alrededor continuamente… Lo que hoy está de moda, el mes que viene estará completamente out, o como se diga para que suene guay.

Tenemos a nuestro alrededor amigas, conocidos y familiares que mutan sin que te llegues a enterar, hasta que te enteras y ya no te enteras de nada, porque todo y todos mienten, se disfrazan y encubren, se mienten a si mismos asegurándose de creerse ellos mismos la historieta que se cuentan. El cinismo que se desprende de estas actuaciones es tan banal como la persona misma que las comete, sin más  finalidad que engañarse.

Nos cuesta, y nos cuesta mucho, aceptar casi cualquier cambio, incluso aquellos que quizás nos convengan, aunque si lo piensas tranquilamente vas a darte cuenta de que no siempre haces lo mejor para ti, y eso está bien. Tomar las decisiones equivocadas, arriesgarte y perder una vez y dos y tres. Nadie debería ser capaz de meterse en ti y tomar por ti ninguna decisión porque cambiar es crecer pero ello no implica perderse de vista a uno mismo.

A veces es indispensable permitirse a uno mismo la libertad necesaria para desviar el camino escogido y ser más feliz,como si cogiéramos una nacional con curvas entretenidas y paisajes inolvidables en lugar de una miserable y fácil autopista.