Me gustas así

Me desperté con el olor de las tostadas francesas en la nariz, idénticas a aquellas que comíamos todas las mañanas en pijama en aquel verano junto a la playa.

Recuerdo muchos placeres de ese viaje y también la manera en que te estirabas cada amanecer mirando al mar. Siempre me ha gustado mirar como te mueves, con ese paso lento y desganado de genio despistado.

Me gusta observarte entre el flequillo, que te irrites porque te sientes vigilado y te vuelvas demasiado torpe hasta para ti.

Y que cuanto más torpe, más rías.

Me gustas así, porque no te escondes y puedo verte de verdad y hacía demasiado que te escondías.

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Un mal día

Cuando tengas un mal día mira al cielo, yo estaré haciendo lo mismo desde aquí.

Cuando no puedas más, fíjate en el espejo con atención, estoy segura de que podrás atisbar mi mirada detrás de la tuya.

En los días demasiado largos acuérdate de las noches de verano junto al mar, siempre demasiado cortas y con la marea a nuestros pies.

Para esos días que en los que la vida parece ganarte la partida olvídate de todo, salvo de vivirla como si la tuvieras a tus pies.

Cuando dudes de ti y las fuerzas quieran fallarte, no te rindas, mírate a través del filtro de mi mirada y verás a alguien ganador.

Cuando tengas un mal día piensa en mí, yo estaré pensando y acordándome de ti.

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Escóndete de mí

Colaboración quincenal para Letras & Poesía para quien se lo haya perdido.


Escóndete de mi vista.

Aparta de mí tu mirada de luz y oscuridad. Tapa también tras los dientes esa sonrisa de pasión por la que me dejas asomar.

No vuelvas a mostrarme nada, o me perderé dentro de ti para siempre. Me ocultaré donde no puedan encontrarme, entre la espesura de tu mirar.

No juegues más, ocúltame el pliegue desnudo de tu ingle y la curva perfecta que desafía a la gravedad de tu pecho descubierto.

Pues contigo albergándome en tu interior, la plenitud alcanza otra dimensión, porque tú eres de mí como yo soy de ti también, partes independientes de un todo aleatorio.

Por eso no debes mostrarte ante mí otra vez, ya que una vez lo haga me escurriré entre tus dedos como el agua de tormenta en septiembre.

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Cuando te vayas

Los días tachados en el calendario me cuentan que tan solo quedan unas semanas para que te vayas a marchar. Sé que es una aventura con retorno, pero joder, que largo va a ser el año sin ti. Sin ti y sin tus manías, esas que me exasperan y a la vez me hacen sonreír con fuerza. Pensándolo bien tu marcha es una buena noticia para las arrugas de mi cara, pues tendrán descanso de las risas diarias.

Cuando te vayas, procura no olvidarte de nada, ni siquiera de ti mismo y de quien eres conmigo. Acuérdate de nosotros, de quienes somos juntos y de quienes queremos llegar a ser. Pero sobre todo acuérdate de vivir por ti.

No te preocupes por mí , yo voy a estar bien, entre mis libros y letras de siempre. Viviendo, pero contigo en la mente.

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Ella. Ingenua.

Me confié, dejándome llevar

sin llegar siquiera a pensar,

que eras tu quien me alejaba.

Ingenua fui hasta la última parada,

cuando me echaste bajo el bus de una patada.

Ingenuidad.

Con punto y seguido. Porque seguirás.

Porque no será ni la primera ni la última vez que me pase. Que me fíe y confíe, para acabar aplastada y girando bajo las ruedas de otro camión, que es la vida de cualquier otro amor.

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Café para dos (Letras & Poesía)

Texto publicado en una de mis colaboraciones para Letras & Poesía, para quien se lo haya perdido ^^  Cafés para dos


– Dos cafés por favor- dijo ella mientras se dejaba caer exhausta en la silla de su bar de cabecera.

Está acompañada de su pareja, como cada día desde hace ya años. Todos los días en torno a la misma hora de hoy entran por la puerta y piden sendos cafés, siempre las mismas combinaciones de café y leche con y sin azúcar. No son demasiado jóvenes, pero tampoco han llegado a la mal llamada mediana edad. Quizás sean felices y estén enamorados, o tal vez no, pero ya han pasado meses desde la primera vez que les serví sus cafés.

Llegaron perfectamente arreglados y a la moda, blandiendo respectivos iPhones último modelo. Muy educados, día tras día uno de ellos pedía por el otro ambas bebidas, con la reconocible seguridad que se adquiere de la confianza y el paso de los años, hasta que memoricé la comanda diaria.

Detrás de la barra se aprende a observar los pequeños detalles diarios que en otras circunstancias pasarían desapercibidos. Esta pareja es como las demás en casi todos esos aspectos que los meros espectadores podemos apreciar desde afuera, exceptuando la salvedad de que nunca los he visto hablar entre ellos más allá de dos o tres palabras sueltas en cada ocasión.

Resulta curioso como parece que se conocen al dedillo las manías y costumbres del otro, pero encuentran más interés en navegar por Facebook, Twitter o Instragram en lugar de mantener una conversación entre ambos. Quizás no debería llamarme tanto la atención, es un hecho que todos los días en millones de lugares esta escena se reproduce varias veces al día cada día, sin embargo a mí sigue perturbándome esa falta de interactuación personal, donde estar atento a los likes de las redes sociales absorbe toda nuestra atención.

Y así, mañana tras mañana asisto a la decadencia de las relaciones humanas en esta inhumana época en la que nos ha tocado sobrevivir, y digo sobrevivir, porque son demasiadas las personas que viven a medio gas, que malviven virtualmente negándose ese contacto emocional que tanto nos alimenta y llena el alma.

Acaso esté equivocada, y esta particular pareja se complemente y llene a la perfección y ese insignificante momento del día que comparten conmigo solo sea eso, un fútil instante de cómodo silencio compartiendo un café.

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Por un beso de tu boca

Por un beso de esa boca: desangraría mis venas en la alcantarilla más concurrida de almas en pena, dejándome arrastrar por su corriente hasta el infierno de la soledad, pues me insuflas vida en cada intercambio de saliva, dulce néctar de la inmortalidad que me devuelve una y otra vez del más allá.

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