De otra vida

El destello de un pintauñas descascarillado entre la multitud. El color granate brillando descolorido en la oscuridad. Tu mano pequeña sobre mi pecho, en medio de tu tatuaje preferido. El cuerpo pegado al mío, como si temieras que me fuera a escapar de tu alcance de repente.

Después de la cama el café con leche en el balcón, una taza para ambos era perfecta, igual que el pitillo a medias que siempre acababas por acaparar.

Fogonazos de recuerdos de otra vida.

Hoy el tatuaje de mi pecho descansa vacío, un agujero negro en medio de mi corazón sin tu mano que lo tapone.

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Sin besarte

Besarte se convirtió en un acto reflejo, algo que podía dar por sentado cada día. Hasta que te fuiste y caí en la cuenta. 

Me di cuenta de ti, de la importancia de esos besos de buenos días y, sobre todo, de buenas noches. De repente fui consciente de la necesidad que tengo de tu boca sobre la mía, de un beso de esos que te recorren la boca entera, te perfila los labios, te lame el cielo de la boca, te acaricia suave cada muela y hasta te besa el alma. 


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Escampará

Y se fue, como se van las nubes después de un chaparrón tropical, así sin avisar.

Construyó lejos todo aquello que aquí dinamitó con su marcha. Pero no se fue solo: se hizo acompañar de la parte racional que todavía me mantenía viva, dejando tras de sí una cáscara vacía, rota de promesas sin empezar a cumplir y sueños todavía sin imaginar.

Después de la tormenta siempre suele escampar, pero después de ti al sol ya no le queda valor.

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Despojos de ti

Nunca sabré lo que fui para ti, lo que significó aquello que vivimos por tanto tiempo.

Esa certeza de ser consciente de que nunca llegaría a saberlo, me consumía de manera incombustible el alma, amargando cualquier otra sensación, como los posos olvidados de un viejo café.

Ya no más. No sé qué fui para ti, pero sí conozco cuánto has significado tú para mí: Fuiste la confirmación de que el amor podía ser de verdad luz, pero también doler como el desgarro más profundo de cada espina. También fuiste la certeza de que el suelo se iba a mover bajo mis pies sin que ningún seísmo mediara, tan solo con tu mirada penetrante bastaba. Que la coherencia y el sentido del ridículo carecen de sentido cuando aquello que te importa está frente a ti.

Pero por encima de lo demás, estando a tu lado supe que hay personas que sacan lo mejor de ti mismo: sacan brillo a lo que nos hace mejores, provocando destellos de felicidad solo para esa persona. Pero también hay quienes nos arrancan todo lo bueno, dejándonos solo despojos de maldad.

Lástima que tú me dejases sin nada a lo que amar.

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La sonrisa de Peter

Contigo las palabras son fáciles y las risas espontáneas. Los paseos a ninguna parte se convierten en pequeñas travesías llenas de luz y aventura, salpicadas de risas, siempre con la carcajada en la comisura de la boca, justo ahí donde guardas el beso escondido de Peter Pan.

Las lágrimas contigo también son abundantes y dolorosas, no obstante cada gran llanto es compensado con la más pequeña de las sonrisas que me robas aún con la cara salada.

Lo fácil y lo complicado entre nosotros se entrelazan en un abrazo demasiado apretado, de esos que me das cuando de verdad me necesitas y eres lo suficientemente valiente para demostrarlo. Casi nunca te das cuenta de que es en esos momentos cuando tienes más grandeza dentro de ti.

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La verdad

Toda su vida ha odiado las mentiras, ni siquiera tolera bien las mal llamadas piadosas. Y él lo sabía, lo sabía mejor que nadie de hecho, pero no supo o no pudo tomárselo en serio y le mintió tantas veces, en tantas cosas diferentes, que la línea que separa realidad de ficción comenzó a difuminarse a pasos agigantados.

Aunque no siempre supo hacer lo mejor para sí misma, sí pudo ver cómo la realidad se le escapaba entre los dedos en su mundo construido con paneles de excusas, ventanales de medias verdades y cimientos de puras mentiras.

Y el suelo se abrió bajo sus pies.

Continuar viviendo, levantarse con las rodillas en carne y volver a intentarlo: vivir la vida sin él otra vez, es la única verdad que permanece.

Triste Felicidad(Letras & Poesía)

Texto publicado en una de mis colaboraciones para Letras & Poesía, para quien se lo haya perdido.

Triste Felicidad


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Yo soy feliz en  mi tristeza, en esa en la que un día perfecto es aquel en que el otoño más lluvioso se deja ver o en el que la primavera llora porque el invierno se va. Porque soy de las que mira el cielo buscando nubes de lluvia que incendien mi corazón con  la melancolía, porque sí, a mí me gusta la lluvia, me gusta el olor que trae consigo y el fuerte repicar contra un tejado de madera. Me gusta que me moje las ideas y haga que mis ojos se desborden de lágrimas que no fueron ni van a ser derramadas.

No siempre es necesario sonreír, muchas veces con un amago de sonrisa basta para iluminar el día más aciago cuando te cuesta tantísimo fingir que estás bien. Todo vale, estar triste también, al final las aguas revueltas siempre vuelven a su cauce.

Soy la chica de las decepciones. Si no esperas nada, nada te puede sorprender. No soy mejor ni peor, pero escribo sobre lo que conozco y de decepciones sé un poco. Sé demasiado de esa sensación de pérdida, de mirar alrededor y ver como todo pierde su significado… Palabras, frases y gestos que ahora están vacíos, cuando un día rebosaron intenciones secretas.

Hubo un antes en el que cada farola, cada árbol, una plaza, un parque, una esquina… Todos tenían algo especial y aunque solo fuera tu mente la que se paseara por allí, era inevitable que esa amplia sonrisa asomara en la comisura de tu boca, hasta el día en el que fue sustituida por el vacío. Vacío que termina por definirte, por anclar esa mirada triste en el fondo de tus ojos, volviéndote una fortaleza inexpugnable a los ojos de los demás.

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Búscame en la noche

Las noches en tacón perdida entre adoquines se mezclan en mi mente, resulta complicado distinguir un recuerdo de otro cuando solo me vienen a la mente en rápidos fogonazos que no permiten distinguir ningún rostro.

Te sigo buscando en la última gota de cada copa, espero hallarte tras cada esquina doblada, apoyado bajo la luz de esa farola que recorta tu silueta contra la calle desierta. Entonces yo te reconocería, correría a tirarme en tus brazos sin notar que no están preparados para recibirme, sin darme cuenta que no estás listo para dejarte llevar ni llevarme a mi. Que no estás listo para ti.

Ante la realidad ineludible que supones, el cuero y el tacón son mis aliados en las heladas noches en la ciudad, esperando que por fin encuentres el camino hasta mí.

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