Te levantarás

A veces una media verdad duele más que una buena mentira. Suele ser así porque es inesperada, proviniente de la llanura del corazón donde arden todas las pasiones buenas: el amor, la amistad, el cariño… Justo en ese lugar donde los que más quieres han logrado clavar su bandera de triunfo, es donde luego clavarán el cuchillo que será el que te desangre de dentro a fuera.

No lo verás venir, o sí, pero te cubrirás la visión con los velos de la autoimpuesta ignorancia, vacía de todo y de todos. Antes de que te des cuenta volverás a estar sola, sangrante y con rodillas y nudillos heridos a cada caída.

Pero, como en las películas, te arrancarás con manos sangrantes el puñal incrustado para seguir caminando.

La traición solo escuece hasta que deja de importar.

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Domingos

Los domingos son para desayunar tarde y en la cama, o en la terraza, o en tu cafetería favorita un banquete que te dé fuerzas para el resto de la semana.

Son los días perfectos para un mimo en la ducha, para ser feliz viendo vídeos de gatos en youtube mientras lloras de la risa o enamorarte de ese libro que lleva semanas esperándote en tus estanterías. Son días para uno mismo, tanto en soledad como en compañía, o mi favorita: soledad compartida, cuando estás en completa paz con esa persona sin necesidad de hablar ni de hacer nada más que estar, porque ese mismo hecho resulta placentero.

Saber compartir silencios con la persona elegida es un privilegio que no todos pueden disfrutar. Es entonces, cuando derrotado y exhausto puedes estirar la mano en busca de apoyo, de un asidero que te permita aguantar y volver a ponerte en pie una semana más.

En esos momentos no dudes en buscarme, estaré justo a tu lado para que te aferres fuerte a mi cintura como cuando teníamos quince, para sentir que entierras en mí toda esa desesperación, que vacías la pena y renuevas amor e ilusión.

Para sentir que mi amor te renueva de adentro a fuera como si cada día fuera domingo.

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De hospital

Todo es peor cuando lleva la coletilla “de hospital”: comida de hospital, luces de hospital, café de hospital… Dicen que son lugares de pena y mal agüero, que sabes de qué manera entras, pero no como vas a salir.

Julia no está muy segura de que todo esto sea verdad. De lo único que estaba segura cuando traspasó el umbral del hospital era de su familia, una diferente que todavía se estaba formando, pero era la suya, la que ella siempre había deseado. Sabía también como iban a ser los próximos meses de su vida: duros e interminables, pero llenos de felicidad e ilusión. También conocía el cuerpo que duerme todas las noches al otro lado de la cama, pero ahora ya no está segura de nada; no sabe ni conoce nada de cómo van a ser los próximos días.

La espera es angustiosa y el minutero del reloj de pared avanza a trompicones, tan pronto no ha pasado un minuto como han pasado diez, pero a ella no le importa, continúa con la mirada disoluta y acuosa resiguiendo los bordes de las baldosas que conforman el suelo. Hasta que por fin la voz de la enfermera resuena en las anodinas paredes de la sala de espera anunciándole que todo ha sido un susto, que es una niña y que están esperándola para que vaya a conocerla.

Julia sigue sin saber nada de como va a ser su vida a partir de ahora, pero lo que sí sabe es que por fin está completa y que cuando la dicha es buena, ni el café de hospital sabe tan mal.

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Liquidación de primavera

La primavera asoma detrás de las nubes de evolución, tapando la timidez del sol con sus pronunciadas barrigas llenas de humedad.

Las terrazas de las cafeterías comienzan a llenarse de humanos reconvertidos en caracol que se arrastran en busca de los escurridizos rayos de un sol todavía débil y sumiso, igual que ellos ante los golpes inmisericordes de la vida.

Como los demás, ellos también han salido de sus caparazones durante la tarde, en busca de un consuelo y amor perdido hace un tiempo. Son una pareja al final del camino conjunto, que transita los últimos recodos de la separación hablando como desconocidos sobre un café destemplado mientras reparten las ganancias de una vida perdida.

Por fin se respetan los turnos de palabra, con la educación que nunca antes fuera necesaria entre ellos. Porque ahora, puestos a perder los perdieron todo: desde el amor hasta la cartera, guardando solo reproches y sucios secretos, terminando por liquidar con prisas los activos de su desamor.

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Mercedes y Soledad

Mercedes y Soledad habían terminado por hacerse inseparables. En un principio  la primera evitaba a Sole siempre que podía, no terminaba de sentirse a gusto junto a ella… Con el tiempo se fue acostumbrando como quien se acostumbra a vivir con pequeño tirón muscular: resulta molesto, pero hay días en que ni siquiera lo notas, pero otros arde tanto que desearías poder arrancarte la cabeza de cuajo.

Una relación atípica, como tantas otras. Y es que a Mercedes no es que le haya ido mal en la vida, aunque tampoco ha triunfado ni cumplido casi ninguno de sus sueños, eso sí, Sole ha estado siempre con ella desde la adolescencia: la acompañó en la recta final del instituto e incluso fueron juntas a la universidad, y ya en la juventud se convirtió en su más fiel confidente.

Poco importaba que Mercedes tratara de poner límites y separar ambas existencias, Sole siempre conseguía volver a colarse por las pequeñas grietas que la inseguridad de la primera abría en su interior. Incluso llegaron a buscar ayuda profesional que las aconsejara sobre cómo manejar una relación que a Mercedes cada vez se le iba más de las manos.

Aunque quisiera, Mercedes no se veía capaz de cortar el hilo que las ataba, sentía que Sole la va a escoltar hasta el final de sus días.

Y así fue, la pobre solo halló libertad desde el vacío de su noveno apartamento, solo así pudo desligarse de la tenaz soledad que la mantenía prisionera de sí misma.

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Recuerdos con sabor – II Aniversario

Esta semana se cumplen dos años del nacimiento de Cafés para el Alma. Gracias por ayudarme a empezar, por mantenerme y por seguir ahí. De mis recuerdos más dulces. Un fuerte beso con sabor a café. Andrea.


Hay días en que es necesario volver la vista atrás y concentrarnos en los buenos recuerdos y tal vez también darle una pensada a los malos.

Todo recuerdo trae aparejado un sabor especial, ya sea dulce o amargo, pero puro en esencia. Algunos son una delicia saborearlos y llevarlos por cada una de las papilas gustativas para apreciarlos mejor, otros nos hacen escupir de rabia y dolor.

Recordar dulce: un paseo por la playa, el sonido de tu risa, un abrazo bien apretado, la comida de la abuela, un café después de comer, los desayunos de los domingos, las sábanas enredadas, las siestas eternas, un beso en la frente, el olor a hogar, las luces de la ciudad cuando llueve…

Recordar amargo: las despedidas inesperadas, los besos no correspondidos, las cartas sin respuesta, un corazón roto, la pérdida, engaño y desengaño, la mentira, la sensación de soledad…

Y qué bonito cuando eliges que se te ocurran más cosas dulces que amargas.

Ojalá siempre días melancólicos con un dulce sabor.

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Premios 20 Blogs

Hoy vengo a pediros un favor: se abren las votaciones para los Premios 20 Blogs en la categoría de Personal. Me haría mucha ilusión si os tomarais un momentito para darme un voto con el que ayudarme no a ganar, sino a participar que al final es lo más importante, participar y que nos vayamos conociendo entre nosotros.

Aquí os dejo el enlace directo al perfil de mi blog por si os animáis… Recordad que para poder votar hay que estar registrado, solo toma un momentito ☺️

Enlace para votar

Hogar

Nuestra cama es mi hogar, ese lugar único e inaccesible donde puedo ser yo misma sin descafeinar.

Las sábanas enredadas entre las piernas, arrugadas en aquellos lugares donde necesito aferrarme cada noche contigo, hablan de ti y de mí, de cuando hacemos el amor y hasta de cuando perdemos un poco la razón.

Cuentan historias de placenteros ojos en blanco, de gemidos a media voz y jadeos a media tarde, de besos secretos y palabras prohibidas. Te pueden contar cuantas tarde de lluvia nos pasamos compitiendo con el soniquete de las gotas contra la ventana, tantas, que todavía saben a poco. También pueden dar razón de los para siempre, de las muchas despedidas, como siempre entre tú y yo, pero también de los reencuentros por todo lo alto.

Pueden decir eso y mucho más porque nuestra cama es hogar y tu pecho mi parapeto.

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Sangra una vez al mes

Ella es un poco gris en su día a día. Suele limpiarse las lágrimas con sonrisas deslavazadas, llena de premura. Pero es que es así, no lo sabe evitar, y en el fondo tampoco quiere.

A su manera melancólica y romántica se acompaña la vida de soledades no compartidas.  Los cafés a medias nunca han sido sus preferidos, mejor en solitario, templados y viendo llover sobre la ciudad.

Siempre deja los recuerdos reposando y las heridas bien abiertas, sin necesidad de sanar porque todo lo quiere sentir bien, hasta que duela lo suficiente para poder dejarlo marchar.

Sangra cada mes, no solo entre las piernas, sino también por los ojos cuando se le llenan de sombras sin reclamar. Una vez al mes se queda en carne viva, expuesta con sus emociones marcadas a fuego en la cara.

Pero sigue, como seguimos todas.

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Está dentro de ti

Solo te podía ver en la distancia y a veces ni siquiera te distinguía de la marejada de fondo que siempre te acompañaba.

Eras imposible de abordar, rodeada por el nutrido grupo de satélites que formaban tu coraza.

Vivías en una burbuja, brillante y atractiva en su exterior, imposible de ignorar la magia que te envolvía.

Salvo cuando alzas el velo protector, entonces las imperfecciones te vuelven humana y real, imperfectamente perfecta en un mundo donde sobran Barbies de plástico.

Déjate caer y vencer, lucha y vuélvete a erguir.

Está dentro de ti, esperando que te atrevas a continuar: ella, de la que me enamoré cuando solo eras tú.

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