La vida de un abrazo

Apretarte entre mis brazos con fuerza, sentir como te relajas acompasando tu respiración a la mía, como los lloros que te convulsionan desaparecen poco a poco.

Un suspiro cerca de mi oreja me indica que estás lista para que afloje, pero no para que te suelte. Todavía no. Nos quedamos otro rato así. Las generaciones que nos separan a las dos se diluyen entre ambas, salvando a grandes zancadas la distancia, volviéndola insignificante.

Desde afuera, parece que soy yo la que te esté abrazando, pues con los años y el paso de la vida, tu estatura disminuye. Aquel cuerpo que antes me dominaba con una sola mano, hoy puedo envolverlo con el mío. No así tu mirada, igual de salvaje y poderosa que siempre, capaz de dirigir los destinos de todos nosotros.

Hoy estamos tristes, cada vez quedan menos de aquellos que formaron tu juventud. Su recuerdo lo mantendremos caliente entre ambas. O así debería haber sido. Hoy no puedo abrazarte, ni siquiera acercarme demasiado. Nos cogemos de la mano todavía oliendo a alcohol, manteniendo una distancia que nunca ha existido antes para poder mantenerte a salvo aquí conmigo…


CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

4 comentarios en “La vida de un abrazo

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