El Calor

Agosto golpea con fuerza las persianas, cerradas de cal a canto desde las diez de la mañana. Los habitantes de la ciudad se derriten poco a poco, chorreando sueños húmedos que nada tienen que ver con su libido adormecida por el calor.

Ella suspira con cansancio, no le resulta extraña la sensación de asfixia, la experimenta cada año en esta época y debería estar acostumbrada, pero lo cierto es que su cuerpo se niega a aceptarlo. Como cada noche se tiende desnuda sobre la cama, cubierta únicamente por unas braguitas un tanto deshilachadas por un costado, a ella no le importa y desde luego no tiene a nadie al otro lado de la almohada a quien impresionar. Podría ser que en ocasiones extrañase la calidad de alguien a su lado, no le resulta desconocida la sensación, pero esta noche no es una de esas veces, pues siente que poco a poco se va deshaciendo encima de la colcha de flores blancas.

Hace demasiado calor para pensar, para sentir, para follar… la mente trata de quedarse en blanco, fresca de preocupaciones que agiten el interior ardiente que la caracteriza. Las piernas pesadas, los párpados que apenas se sostienen, la nuca empapada de sudor que desciende en gotas lentas por su espalda, casi podríamos decir que la vida se le escapa entre los dedos…

Hace demasiado calor para respirar…

Imagen de StockSnap en Pixabay

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Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

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