Aquellas letras que perdió

Nunca le había costado tanto encontrar las palabras, siempre habían sido sus aliadas desde la infancia. Leer tantos libros desde tan temprana edad le había asegurado un buen repertorio de vocabulario, de pequeña incluso se jactaba de poder insultar por lo bajini a quien se metiera con ella sin que se la entendiera del todo, haciéndolo en el castellano antiguo o en el latín que sacaba de las novelas históricas que consumía.

Siempre se había sentido acompañada si tenía un libro entre las manos, más tarde comenzó a ser ella la que contaba las historias, para sí misma claro, pero daba vida y eso la hacía vivir todavía más intensamente. Por el camino y con los años fue perdiendo fe e ilusión, pero nunca abandonó porque le gustaba y porque siempre tenía algo que contar en la punta de los dedos.

Hasta que dejó de fabricar magia.

Hoy es el día de Sant Jordi, el día del libro, y se pasea entre estantes en busca de nada en particular, quizás un poquito de esa chispa que antes fluía casi sin esfuerzo. Sabe que volverá, que es cuestión de tiempo y de estar atenta a cualquier destello mágico que haga brotar de nuevo las palabras, pero no puede evitar sentirse un tanto perdida sin su compañía.

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Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

 

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