Suéltame de una vez

Me gusta el olor a ropa recién lavada cuando la tiendes bien temprano por la mañana, cuando todavía se está secando el rocío de la madrugada. Las manos se me quedan heladas al contacto con la ropa, casi no siento ni las pinzas ni la cuerda de tender. Inerte, como en tantos otros aspectos aspectos de mi vida me dejo arrollar por los acontecimientos, sin freno ni voluntad.

Y cuando la colada ya ondea liberada al viento no puedo evitar la envidia. Me celo de su libertad de movimiento, de su alegre danza a los ojos del sol.

Es un momento de liberación, pero también de final para mí: significa que debo volver adentro, a la oscuridad de su tiranía, a la locura de esos ojos que me miran con un odio eterno e injustificado. Cada día deseo ser una sábana, desprenderme con fuerza y de un tirón de las pinzas de su odio que me sujetan y salir volando por fin.

Quizás un día lo haga, antes de que él tome la decisión por mí.

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CafÈs para el alma de Andrea RodrÌguez Naveira est· sujeto a Licencia Creative Commons AtribuciÛn-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

8 comentarios en “Suéltame de una vez

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