Mi pequeña

Ella me espera al final de cada mal día, sin esperar nada a cambio, lista para rascarle el gris a la vida cuando esta se empeña en empañarse y no dejarnos ver lo bella que es. Me calienta fuerte y rápido, haciéndome entrar en calor tras abandonar la bonita y helada jaula de cristal en que se ha convertido mi rutina

 Al término de la jornada más espantosa sé que mi pequeña estará abajo esperándome, lista para tomarla entre mis piernas y sentir sus embestidas en el centro de mí.

Es algo que me enorgullece aunque tenga que aguantar las miradas de reojo a la salida de la oficina cuando cambio mis tacones por unas sencillas deportivas y unos vaqueros ajustados, miradas que resbalan por la brillante chaqueta de cuero que me protege de ellas.

Total, qué importancia pueden tener después de subir de un salto a mi querida Yamaha con el cielo abierto sobre mí.

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Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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