Deseos vecinales

Para la primera entrada de esta sección no podía hablar de otro tema que no fueran mis vecinos, resulta imperativo si tenemos en cuenta que todos los días me dan ganas de echar la pared abajo con una excavadora y aparecer encima abriendo camino en su cocina.

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Cada noche me aseguro de que tengo el despertador programado para la hora correcta a la que debe sonar al día siguiente, en realidad no sé por qué me molesto en ello si todas las mañanas alrededor de las siete y media tengo mi propia alarma personalizada: los golpes y gritos en la cocina de mis vecinos, que está pared con pared con mi propia habitación.

Es evidente que cuando convives en un edificio puede haber encontronazos puntuales por ruidos: que si la música muy alta, que si gritos a deshoras, niños que corren demasiado, tacones indiscretos… Todo puede ser normal, o dejar de serlo llegado a determinado punto.

Cuando se llega a ese punto en el que se cruza la delgada línea de las simples molestias todo pasa a otro nivel: en mi caso me posee bastante la histeria y una ira furibunda anega mis entraña. No puede haber un despertar más motivador!

Piénsalo así: estás durmiendo y es un sueño de esos reparadores, sin sueños, hasta que en tu cabeza perfectamente descansada una manada de orcos ruidosos se abren paso entre insultos, amenazas, golpes y estallidos. Todo ello metido muy adentro de tu cabeza, por lo que te despiertas con el sobresalto en el cuerpo. Es una pena que al segundo siguiente eres consciente que la manada no está en tu cabeza, sino al otro lado de la pared.

Otro ejemplo muy desquiciante es cuando en la perpetua noche de las tardes de invierno, atrapada en casa y tratando de estudiar, leer, escribir, trabajar… Hasta los libros de Ken Follet se estremecen con los golpes del patinete por el pasillo del piso vecino, mientras su dueño te ilustra cómo es perseguido por policías, vaqueros, ladrones… a voz en grito y hasta bien pasadas las diez de la noche.

Son solo algunos ejemplos de los fáciles, tampoco vayamos a hacer sangre, como la que se me precipita orejas abajo todos los días de la semana.

En el título hablaba de deseos vecinales, hubiera sido mucho más interesante tratar alguna historia secreta de escalera, llena de pasiones prohibidas pero no, lo mío es más viejo que sacar la basura. Y es que se ve la muchas personas no poseen el don de la empatía: sino no puedo explicarme cómo sabiendo que tu cocina está pegada a la cabecera de la cama de otra persona pones la lavadora a la una de la mañana. Es más, la gente no tiene sentido de la educación y mucho menos sabe convivir en comunidad.

Si alguna vez desaparezco y no vuelvo por este blog ya sabéis donde encontrarme: liderando mi propia manada de orcos con fines asesinos! Si a algun@ le pasan cosas similares ya sabéis, entre orcos todo vale… solo espero que beban café! ajajaja

Andrea

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Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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Acerca de Andrea

Un cappuccino, mis libros, una puesta de sol naranja y el mar: momentos que no tienen precio.
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12 respuestas a Deseos vecinales

  1. Parece que las lavadoras infernales en la madrugada son un factor común en muchos sitios 😉
    Saluditos! 😉

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  2. No sé si mi caso es mejor, jajaja. Mi vecino me vigila, se entera de todo, se asoma a la puerta, y salgo poco a la calle pero en cuanto oye la puerta, zassssss, ahí está con esa cara de idiota que tiene, mirando como una lechuza. Es lo peor, no quiero ser vulgar pero ni una ventosidad pasa desapercibida para él jajaja. Estoy hasta….. Besos a tu alma.

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  3. carlos dijo:

    Es una terrible situación Andrea, tiene una solución técnica que pasa por perder cuatro centimetros de ancho en habitación e instalar tres de lana de vidrio rigida, aislante para ruido y una sobre pared de cartón yeso de uno de espesor sobre un bastidor de madera. Y otra definitiva, que es mudarse de casa a una vivienda individual. Un beso.

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  4. Me uno a la marcha de Orcos, ¿dónde nos juntamos?

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  5. Anita Blanco dijo:

    Es terrible la falta de educación para convivir, totalmente de acuerdo.
    Un abrazo.

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  6. Yo gracias al destino solo doy con los vecinos pared con pared en el salón y son bastante civilizados. Pero hay alguien en el bloque, que aún no he conseguido identificar, que debe haberse visto todos los capítulos de bricomanía y como debe ser insomne en la siesta, aprovecha el momento. Como le pille no te digo yo por donde le meto el taladro 😂😂😂😂

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