Marchita

“Era tan sencillo dejarse ir, permitir que la vida se marchitase dentro de mí que no fui consciente de que no quedaba gota de savia en mis venas hasta que fue demasiado tarde…”

Y así la vida la abandonó, con el corazón todavía latiendo dentro del pecho.

Hasta que la mariposa llegó batiendo señorial sus frágiles y hermosas alas hechas de la más selecta seda. Revoloteó un par de veces en torno a su cara,como buscando el mejor lugar donde descansar, para finalmente reposar sobre el párpado prematuramente cerrado.

Un roce necesario de esperanza.

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Cafés para el alma de Andrea Rodríguez Naveira está sujeto a Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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