Comercio de la carne

La desesperanza se arrastra por cada rellano del edificio, cual nube del desierto una desangelada mañana tras otra. Pasado el trasiego de la noche, cada chica trata de dormir antes de que el cansancio no baste para caer en las garras del sopor. Por su parte, las veteranas comienzan a ponerse poco a poco en marcha, pues hace años que han decidido que también hay vida durante el día.

En el comercio de la carne siempre gana la más bella y tersa, la que mejor arrastra y con más disimulo los tacones entre las líneas de las baldosas de la calle de la desesperación.

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Acerca de Andrea

Un cappuccino, mis libros, una puesta de sol naranja y el mar: momentos que no tienen precio.
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3 respuestas a Comercio de la carne

  1. guitarburn dijo:

    El físico no lo es todo

    Le gusta a 1 persona

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